Abro una botella comprada en un supermercado en mi último
viaje. Me hace ilusión porque me recuerda una visita que hice a la fábrica que
fue muy gratificante y por qué además es una cerveza que hace muchos años que
no bebo. Derramo la cerveza en la copa, la acerco a la nariz para disfrutar de
su aroma y … pero ¿qué es esto? huele a
huevo podrido!!!
Aunque me jacto de identificarlos a la primera, mis
conocimientos en el campo de los defectos y las contaminaciones en la cerveza son más bien escasos, así que suelto un globo sonda
en las redes sociales “Doctor, doctor, la cerveza que estoy tomando huele a
huevo podrido ¿es grave? ¿puedo beberla tranquilo o la tiro directamente por el
fregadero?”
Pronto aparecen comentarios que empiezan a darme pistas de
que le pasa a esta cerveza. Finalmente, un compañero me da un clinic sobre
contaminación por Ácido Sulfhídrico (SH2).
Mi primer impulso es identificar en qué lugar de la cadena
se produjo el “error” y si un mal almacenaje o una exposición directa a la luz
pudo producir el desastre, ya que la cerveza en cuestión estaba de oferta a
precios inusualmente bajos.
Un compañero me comenta que las causas pueden ser, una
fermentación a alta temperatura o por contaminación bacteriana. La primera
causa me atrevería a decir que es difícil en un proceso de fabricación
medianamente estandarizado y controlado. Quizás sea más frecuente en el
mundillo homebrewer.
El ácido sulfhídrico se produce durante la fermentación y es
muy volátil a temperaturas inferiores a 22ºC, de hecho, en muchos casos se va
disipando durante la maduración, así que aquí introducimos además la
posibilidad de una oxigenación inadecuada.
Una levadura contaminada o en mal estado puede ser la causa
de una contaminación bacteriana, también lo veo más común en un elaborador que
cambia constantemente de proveedores de levadura y este tampoco parece el caso…
sea como sea, la contaminación está ahí.
Y mientras tanto en menos de media hora me llegan los
mensajes de más de 20 personas, a parte de los que lo han hecho de manera
pública, interesándose única y exclusivamente por la identidad de la cerveza….
¿estamos locos?
Lo más curioso es que una vez que les decía que no era
español perdían todo el interés en el tema. La verdad esto me da que pensar, como
somos los españoles!! … en otros lugares ¿actuarían igual? quizás sigamos pensando que lo de fuera siempre es lo mejor
o simplemente es una buena forma de pegar una puñalada al cervecero colega que
tenemos al lado.
En lo que a mí respecta, hace ya mucho tiempo que no
encuentro una cerveza española con defectos evidentes, aunque he de decir que
ahora selecciono mucho más los elaboradores nacionales que llegan a mi baúl. Lo cierto que empiezo a ver cierta solidez en las elaboraciones de un buen puñado de fabricantes artesanales de este país.
Para finalizar quiero agradecer a Rubén por su sabiduría y
dedicación por explicarme en qué consistía esta contaminación. Por cierto, sí…
finalmente la cerveza se fue por el fregadero.