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martes, 25 de abril de 2023

STRUISE AARDMONNIK / EARTHMONK

Lo primero que hice al llegar a Bruselas aquel verano de 2009 fue comprarme un ejemplar del libro de Tim Webb y Joris Pattyn “100 belgian beers to try before you die”. No porque no fuera conocedor del mercado cervecero belga, pero su atractivo título y la posibilidad de encontrar alguna joya que desconociera me llevaron a una compra compulsiva… de hecho, por aquel entonces ni siquiera sabía quién era Tim Webb.

Ya en el hotel pasé hoja tras hoja mientras tomaba notas en mi agenda cervecera ¡Me faltaban 6 cervezas por probar!!! Así que dediqué los sucesivos días a buscarlas. Puedo considerar un éxito aquella búsqueda ya que al final del viaje solo tenía pendiente dos, una de ellas esta “Aardmonnik”

Por aquel entonces Struise Brouwers estaban en plena conversión desde un modelo Gypsy a uno con fábrica propia. De hecho, me acerqué hasta las viejas escuelas de Oostvleteren, muy cerca de la abadía de Sint Sixtus, donde acababan de asentarse, pero respuesta fue algo así como “estamos en ello, pero ahora no la tenemos”, quizás por las exigencias de maduración que tiene esta cerveza.

Fue en el año 2011, en una nueva visita a Bruselas, cuando llegué a la “casa del libanés”, como la había bautizado años antes mi pareja. Una especie de tugurio donde si le caías en gracia al dueño podías descubrir verdaderas joyas cerveceras. Presenté mi Wishlist al “Libanés” y torciendo la boca en una mueca que parecía ser una sonrisa, creí entender “¿cuanto estás dispuesto a pagar por ellas?”…… “¿perdón? (sorry?)” y me invitó a entrar en la trastienda, a una pequeña sala, encendió la luz y la cueva de los tesoros apareció ante mi… alguien podría decir que era un cuchitril donde se guardaban viejas botellas desordenadas, llenas de telarañas y suciedad, pero a mí me pareció poco menos que un hallazgo arqueológico sin precedentes… para los estándares de la época pague una auténtica barbaridad, pero me vine con varios tesoros cerveceros, incluida una botella de la Struise Aardmonnik elaborada en las instalaciones de DECA.

Por suerte, hoy en día resulta mucho más sencillo adquirir esta cerveza, primero porque Struise Brouwers sigue elaborándola con cierta periodicidad, que teniendo en cuenta los 18 meses de maduración en barrica, suele ser cada dos o tres años y segundo porque por suerte tenemos tiendas especializada y tiendas on-line.


AARDMONNIK/EARTHMONK

En la etiqueta ya nos indica que estamos ante una Flemish sour ale de 8% ABV de contenido alcohólico, de fermentación mixta, la cual se envejece durante 18 meses en barricas de roble.

En algún lugar he leído que debe servirse a temperatura de bodega y se recomienda verter el contenido de la botella en una copa tulipa desde una altura aproximada de 15-20 cm. (un mini escanciado, como diríamos en Asturias). Lógicamente he seguido estas recomendaciones ya que entiendo que favorece la oxigenación de una cerveza envejecida como es esta.

Inicialmente la cerveza forma una pequeña cabeza de espuma beige de burbuja grande, que se reduce rápidamente. De carbonatación suave y color marrón oscuro, algo turbio.

En el aroma ya se vislumbra ya el carácter “sour” de la cerveza, aunque los más sagaces ya comenzarán a darse cuenta de la complejidad de esta cerveza.

Pero donde esta cerveza desarrolla todo su potencial es en el sabor. Por un lado, notas a chocolate, bourbon, en un perfil afrutado compensa en su justa medida el otro lado de la balanza dominante y dominado por notas ácidas (lácticas). Al final, hay armonía y permite también descubrir las notas de roble que completan el sabor. Realmente compleja, deleitará a todo aquel que intente descubrir todos estos matices y más. El final es seco, derivado del embarricado y limpio.

Hay que decir, para finalizar la descripción, que no es una cerveza corpulenta, todo lo contrario, o al menos no tanto como esperaba.


CONCLUSIONES

Quizás ya en estos tiempos sea una cerveza que no llame tanto la atención como antaño, por suerte el mundo de las “Sour” nos ha acostumbrado a beber cervezas de este perfil de gran calidad. Pero en su día supuso una bocanada de aire fresco en el estilo y hoy no deja de sorprender por los pequeños/grandes detalles. Su acierto en el proceso de elaboración. Y al menos, en mi caso, me han hecho recordar buenos momentos en mis viajes a Bélgica, ya solo por eso se merece este post.


Valoración de El Baúl de las Cervezas: 8,75/10

 

 

 

Ficha Técnica:

Fabricante:

De Struise Browers.

Elaborada en:

Oostvleteren (Flandes – Bélgica).

Estilo:

Oud Bruin/Sour Flemish Ale.

Color:

Marrón oscuro.

Alcohol:

8% Alc.

IBUs:

N/A

Temperatura:

10º C.

Servir en:

Copa Tulipa.

domingo, 13 de febrero de 2022

CERVEZAS AMERICANAS

Todavía en la segunda mitad de los años 90 la inmensa mayoría de aficionados a la cerveza teníamos en mente esa sencilla clasificación de cervezas nacionales y cervezas de importación. Bajo esa clasificación la sociedad cervecera de la época englobaba prácticamente el 100% de las cervezas que podías tomar en un bar/cervecería/restaurante.

Bourbon County Stout - Goose Island
Pero pronto un hallazgo haría tambalear todo lo que por aquel entonces sabía de cerveza. Cada noche me conectaba a internet con una rudimentaria conexión, con la que la paciencia se convertía en la mayor de las virtudes, y escaneaba aquel peculiar ciberespacio cual astrónomo con un sencillo telescopio tratando de descubrir una nueva estrella en la inmensidad del cielo. Mi búsqueda buscaba nuevos hallazgos cerveceros, que es lo que se hacía más allá del mundo conocido.

Finalmente, un buen día llegue a un foro/chat de cerveza americano que cambiaría para siempre mi percepción del mundo cervecero. Ante mí, innumerables hilos y chats que hablaban sobre un mundo del que apenas tenía referencias, por no decir ninguna. Fue la primera vez que escuché conceptos hasta entonces desconocidos… Barrel Aged, Aging, hops, etc. A partir de ese momento en mi mente pasaron a existir cervezas nacionales, de importación y…… cervezas americanas.

Los chats eran la parte menos didáctica, pero donde realmente podías reconstruir como era la vida del aficionado a la cerveza en un universo tan lejano como era Norteamérica. Paradójicamente aquellos cerveceros americanos veían con la misma curiosidad y admiración las historias cerveceras de la antigua Europa, sentían verdadera devoción por Bélgica y por aquel entonces yo ya había comenzado mis viajes por ese mundo que a ellos les parecía fascinante, así que siempre había espacio para intervenir.

Para mayor sorpresa no tardé en encontrar a Angus, madrileño que poseía una pequeña cervecería, era como encontrarte a tú vecino cuando estás de vacaciones en Finlandia. Pero no era el único y al final conseguí entablar amistad con otros 3 ó 4 españoles más, que al igual que yo, se adentraban cada noche en el mundo desconocido de las cervezas americanas.

A estas alturas del relato os habréis dado cuenta que nos faltaba lo fundamental…. Cerveza, para ser más exactos cerveza americana. No tardó en surgir la oportunidad, una auténtica locura. Angus había contactado con un tipo, llamémoslo a partir de ahora John, que decía tener una tienda especializada en cervezas en Nueva York, surtida de las mejores cervezas americanas del momento. En realidad, no sé si la idea salió de Angus, de John o de la necesidad que teníamos todos por probar aquellas cervezas de las que tanto habíamos leído en los últimos meses en aquel foro. Pero la propuesta era cuanto menos tentadora “os puedo hacer llegar a España nuestras cervezas, al menos si pedís lo suficiente”.

A pesar de la euforia inicial, los números sobre cuánto nos iba a costar traer un puñado de botellas nos hizo desistir inicialmente. La clave estaba en unir a más “locos” a la causa, así en poco menos de una semana teníamos nuestro propio “room” en el chat del foro donde un grupo de españoles debatían si finalmente aceptar la propuesta de John.

A principios de octubre, 6 españolitos estudiaban el suculento listado de cervezas con sus respectivos precios de la tienda de John y una semana más tarde habíamos hecho nuestra selección. Recuerdo con condescendencia mi primer pedido, una mezcla de falta de presupuesto y precaución ante lo desconocido: la archiconocidas hoy Anchor, Samuel Adams y Brooklyn, Celis (si sorprendente, ignorando totalmente que quién estaba detrás era Pierre Celis)… y alguna no tan conocida Old Detroit o Pete’s Wicked, de la que ahora me enorgullezco de haber probado su famosa “ale” en su época de apogeo.

El primer pedido estaba hecho, el dinero se fue y solo quedaba esperar cruzando los dedos. Recuerdo que estaba obsesionado con el tipo de cambio, que consultaba casi a diario para ver si la operación había sido ventajosa.

Pasaron uno o dos meses, si he dicho “meses”, entonces las cosas no funcionaban tan rápido. Seguíamos en contacto con John, que nos aseguraba que todo iba bien. Todos temíamos la estafa, pero un buen día Angus nos dio la noticia, “Las cervezas han llegado!!!”. La distribución entre nosotros cada uno de una parte de España tampoco fue fácil. Pero al final, con las cervezas en nuestro poder, nos sentíamos los “reyes del mambo”. Cada noche compartíamos nuestras opiniones sobre cada una de las cervezas y no era raro encontrarnos a alguno de nosotros alardeando en foros nacionales, donde otros se preguntaban cómo habíamos conseguido esas cervezas.

Así para el segundo pedido, teníamos a tres chicos más en la lista de pedidos. En esta ocasión, no escatimé en gastos y me lancé a la piscina, quería probar lo mejor que se estaba haciendo en USA y mi pedido incluía marcas como Smuttynose, North Coast, New Glarus, Bell's y no recuerdo si Deschutes y su The Abyss también se incluyó en este o en el siguiente.

Hubo un tercer pedido en el que me centré en algunos productores emergentes como Allagash, Alesmith y Stone. Después poco a poco empezaron a llegar algunas cervezas americanas a Europa y nuevos canales hicieron que perdiéramos interés en estos costosos pedidos. El cambio de los tiempos hizo que poco a poco fuese perdiendo el contacto con aquellos compañeros de aventura.

Estas Navidades me encontré con un regalo muy especial, bajo el árbol de Navidad una misteriosa caja contenía una selección muy cuidada de cervezas americanas. Verdaderas joyas en el mundo cervecero actual. Cervezas que a pesar de mi afición habían sido esquivas hasta ahora.

Hoy bebiendo la primera de ellas, esta maravillosa Bourbon county de Goose Island me he vuelto acordar de esta aventura y me he vuelto a preguntar qué será de aquellos viejos compañeros, quizás alguno de ellos pueda ser lector de este blog o sin saberlo ser amigos en Facebook. Por eso, no quiero desaprovechar la oportunidad de lanzar un pequeño grito al ciberespacio cervecero español y poder contactar con alguno de aquellos, que, como yo, un buen día descubrimos un nuevo mundo…. El de las cervezas americanas.

jueves, 12 de diciembre de 2019

HACERSE GRANDE


"Érase una vez un pequeño cervecero artesano, como había oído de su buen hacer decidí visitarle. Un pequeño garaje donde se amontonaban ingredientes y un modesto equipo de elaboración me dio la bienvenida. El cervecero atendía amablemente a un cliente. Ayudó a meter en el coche la suculenta compra y se despidió de manera cordial y casi al instante estaba atendiéndome con la misma dedicación.

Enseguida adivinó que venía de muy lejos y aunque sabía que no pasaría a formar parte de sus clientes habituales y que posiblemente no volvería, aprovechó para enseñarme sus instalaciones y darme a probar algunas de sus cervezas. Yo respondí de la mejor forma que podía por aquel entonces, que era comprando sus cervezas, lo cual no supuso un gran esfuerzo ya que eran realmente buenas. Se despidió con un “Espero volver a verte pronto”.

No tardé en volver, de hecho, creo que durante los siguientes años me desvié de mi itinerario para acercarme hasta su garaje y comprar sus cervezas. El, siempre amable y muy interesado en mi opinión. Incluso en una ocasión que por motivos de tráfico descarté visitarle, espero mi llegada más allá de su jornada laboral.

Pasaron los años y nunca más tuve la oportunidad de volver. Después de tanto tiempo quise saber cómo le había ido. Me enteré que el negocio había crecido enormemente, dos cambios de lugar de fabricación y finalmente la apertura de una fábrica de dimensiones que aquel joven cervecero nunca hubiera imaginado. Me alegré enormemente ya que de verdad se lo merecía, por su dedicación y saber hacer.

Por fin hace unos meses aproveché un viaje para visitarle y ver en persona todas esas novedades que únicamente había podido ver a través de las redes, beber alguna de sus nuevas cervezas y llevarme una buena compra para casa.

Situado en un lugar privilegiado de la ciudad había acondicionado unas viejas naves industriales abandonadas. Las instalaciones contaban además con lugar de visitas y taproom.

El parking, quizás por la hora, mostraba una modesta entrada, modesta únicamente por el número, varios deportivos espectaculares entre ellos… vaya nivel de clientes me dije.

Me dirigí hacia la puerta de lo que interpreté era el taproom y entré. El local era enorme, al fondo una barra, a la izquierda una multitud de mesas y a la derecha una pequeña zona de ventas donde se amontonaban cajas y enlazaba directamente con la fábrica.

El bar estaba vacío a excepción de varias personas colocando cajas y un hombre ensimismado leyendo un periódico. Apresuradamente un joven se dirigió hacia mí.

- Perdone está cerrado, abrimos jueves, viernes y fin de semana.
- Ah que pena me apetecía beber una cerveza, en fin, en ese caso me gustaría comprar unas cervezas.
- Lo siento, únicamente vendemos cerveza en horas de apertura o los sábados por la mañana.
- Vengo de muy lejos ¿no podría hacer una excepción? Me compro unas cajas y no molesto más.
- De verdad que lo siento, no podemos hacer excepciones.
- De acuerdo, lo entiendo. Hasta otra.

El hombre que estaba leyendo, levantó la cabeza, era el cervecero, hasta ese instante no lo había reconocido, ropa y peinado a la moda habían logrado una metamorfosis casi inimaginable. Pareció no reconocerme y siguió leyendo el periódico sin dar mayor importancia a la conversación.

Me di media vuelta y abandoné el local. Pero no había recorrido tantos kilómetros para irme sin más, así que aproveché para dar una vuelta por el exterior de las instalaciones. La fábrica era enorme, los fermentadores se elevaban por encima de la estructura, inevitable recordar a aquel pequeño garaje donde comenzó.

En ese momento el cervecero salió del local y casi sin pararse me dirigió una mirada entre desconfianza y curiosidad. Se acercó a su coche y abrió la puerta y durante un instante se paró como si de repente se hubiera dado cuenta de quién era. Me imaginé que daba la vuelta me saludaba amigablemente y me invitaba a probar sus cervezas y ver sus instalaciones, pero finalmente entró en el coche, arrancó y marcho en su Porsche Panamera".


Este cuento no esconde ningún tipo de recriminación, en realidad ilustra el enorme cambio de mentalidad y organización al que tienen que hacer frente todo aquel cervecero que crece… Una nueva forma de entender el negocio: compartir decisiones, implantar procedimientos horarios y reglas para regular toda actividad de una organización que puede convertirse en algo ingobernable.

Y en medio de todo este proceso se encuentra el cliente, como compaginar esa pérdida de cercanía que se produce de manera inevitable con el papel central que debe ocupar dentro de la estrategia del negocio.

En realidad, fui yo el que cometió un error, al no ser consciente del gran cambio que había tenido lugar, y no haberme informado de horarios de apertura o incluso visitas guiadas para canalizar a los posibles visitantes sin que interfieran en la actividad productiva.

Yo por mi parte, estoy seguro que volveré, atendiendo a los horarios, quizás me apunte a una de esas visitas guiadas, como un cliente más sin esperar nada, pero sin olvidar aquéllos tiempos cuando aquel pequeño cervecero comenzaba.


lunes, 12 de noviembre de 2018

A CORUÑA 19:00



- ¿Es la primera vez que viene?
- Sí, nunca he estado antes en A Coruña. Pero solo voy a permanecer unas horas.
- ¿Qué viene a conocer la ciudad?
- Sí si por supuesto… turismo, sí, eso es – evidentemente no iba a desvelar mi verdadero propósito.

Las preguntas de aquel hombre que conducía el coche me empezaban a irritar. Como si quisiera saber más de lo que yo estaba dispuesto a contarle.

- Hemos llegado, que tenga un buen día. Pasaré a recogerle en 10 horas en este mismo lugar.

Bajo del coche, levanto la mirada y ante mí se erige cual fortaleza inexpugnable la fábrica de cervezas de Estrella de Galicia. No es mi intención visitarla aunque siento cierta curiosidad y durante unos minutos paseo por los alrededores… Es más grande de lo que me imaginaba. En lo alto coronando una torreta el logotipo de la marca gira sin cesar.

Siguiendo mi coartada me dirijo al centro a hacer un poco de turismo. Me subo al autobús, lleva publicidad de Estrella de Galicia… “ja. Juega en casa”, pienso.

Visito los lugares emblemáticos de la ciudad, a pesar de ser un día de otoño, el calor aprieta y mi estómago me dice que es hora de beber una cerveza y picar algo. Me adentro en el centro histórico, no tengo mucha idea de donde se encuentra la zona de bares, pero pronto observo que todo el mundo se mueve en la misma dirección, así que comienzo a seguirles.

Y a la vuelta de la esquina me recibe un gran bullicio, una estrecha calle con bares a ambos lados repleta de gente. Miro el nombre de la calle… calle estrella, claro nunca lo hubiera imaginado, estrella de Estrella de Galicia. Me empieza perturbar una obsesión y allá donde voy solo veo toldos y bares con la publicidad de la marca de cervezas local, difícil elegir en un lugar donde todos los bares son a mis ojos idénticos. Elijo un bar al azar y ¿sabéis? Solo tiene cerveza Estrella de Galicia, así que me decido por un ribeiro, la cerveza la dejaré para otro día.


De nuevo me veo en la disyuntiva de elegir un bar para tomar algo, voy caminando por una calle repleta de bares… pero todos iguales, me empiezo a sentir como el protagonista de una de esas películas de terror que haga lo que haga es rodeado y perseguido, aunque intentará escabullirse por todos los medios.

Si algo bueno tiene A Coruña es que las distintas calles de movida se suceden unas a otras. Por fin, en el medio de la calle un único local con un todo diferente en el que se puede leer Mahou… paga con creces su traición, es el único bar totalmente vacío en una calle repleta de gente…

Fuente: http://www.cervezotecamalte.com
Pero de repente como mimetizado con el resto de establecimientos encuentro un oasis un lugar diferente, “Malte beer & food” reza en su entrada. Así que sin pensármelo dos veces entro en el local. Bien ambientado, excelente trato, buen número de grifos y mejor variedad de cervezas entre ellas belgas y artesanales. Como indica a la entrada también se sirve comida, así que aprovecho para comer y beber algo.

A mi lado, tres clientes trataban de dilucidar aspecto, aromas y matices, evidentemente no es fácil identificarlos en las condiciones reinantes… por un me siento horrorizado, verdadera vergüenza ajena y me pregunto si en alguna ocasión yo mismo he podido dar una impresión tan absurda y superficial. Salgo rápidamente del local para adentrarme de nuevo en la realidad de las calles de bares de A Coruña, de nuevo la dictadura del negro y rojo de Estrella de Galicia.

Entro en uno de los bares emblemáticos de la ciudad y ante la ausencia de opciones... me resigno, “deme una ración de pulpo y una Estrella de Galicia”. He de decir que esta es una cerveza que nunca ha sido de mi devoción, ni siquiera dentro de las cervezas industriales nacionales.

Llamarlo paranoia pero tenía la sensación de que un hombre me llevaba siguiendo y observando desde que había entrado en el bar. Sin que hubiera entablado conversación previa, el hombre comienza a hablar con un marcado acento local.

- ¿Cómo? perdón, no le estaba atendiendo - dije disculpándome.
- Le decía que si quiere disfrutar de la verdadera Estrella de Galicia debe ir a "La Cervecería", allí pude beber su cerveza de bodega fresca.
- Ah, gracias... por supuesto... iré - Le dije más para quitármelo de en medio.

Salgo del bar y pienso ¿Por qué no? Al fin y al cabo, me acabo de beber una Estrella de Galicia y tampoco estaba tan mal… dirijo mis pasos hacia la dirección que me había dado el hombre… “Curiosity kill the cat”.

Llego a “La cervecería”, con mayúsculas añadiría alguien. El local es impresionante… más grande de lo que me había imaginado. Sin prolegómenos pido una Estrella de Galicia. El camarero de manera jocosa me contesta “Aquí es la única que tenemos”.


Empiezo a probar con algo de recelo, pero pronto descubro que… ¿está buena?, sí sí esta rica, creerme. Se trata de su llamada cerveza de bodega, cerveza fresca y sin pasteurizar, y ciertamente se nota en su sabor más intenso. Toque herbal más acentuado, bien equilibrada y con un toque fresco que invita a beber sin pausa. El camarero respira tranquilo… misión cumplida y se nota cierto grado de satisfacción cuando le indico que me ponga otra.


Salgo de bar sin ningún tipo de remordimiento, ha sido una visita satisfactoria, de lo mejorcito que me he encontrado en la Coruña. Dirijo mis pasos de nuevo hacia el lugar de partida, la fábrica del coloso cervecero gallego.

Al llegar, la silueta de la fábrica casi en silencio parece guardar algo siniestro, en su torre el logotipo sigue dando vueltas y por momentos se transforma en un ojo de fuego que me observa, me recuerda a la torre de Barac dur. El ojo que todo lo ve y que domina toda la ciudad y que ahora sabe que soy un súbdito más.


Casi iba a inclinarme mostrándole pleitesía cuando de repente escucho un “riiing riiiing riiiing” miro mi móvil, de repente vuelvo a la realidad, en la pantalla puede leerse “A Coruña 19:00. Gutemberg 11” y recuerdo el verdadero motivo que me ha traído a este lugar.

Como tratando de disimular ante el ojo de la torre empiezo a buscar el lugar y triste sorpresa, allí donde debería estar el número 11 se encuentra… la fábrica de Estrella de Galicia. "No puede ser, esto es una pesadilla!!!!" Camino sin rumbo durante unos minutos, la dirección indicada ¡No existe! A estas horas de la tarde el polígono industrial es un lugar desierto, inhóspito…

Estaba a punto de tirar la toalla cuando observe en la lejanía dos sombras que de pronto desaparecían en un callejón perpendicular a la calle Gutemberg. Les sigo, no tengo nada que perder. Al final del callejón sale luz de la puerta de una nave y a medida que me aproximo se empieza a escuchar música y el ruido de un futbolín. Esbozo una sonrisa cuando leo al lado de la puerta la palabra “Kel’s”. Este es el lugar que estaba buscando y por fin lo he encontrado.

Cervecera Kel’s, el lugar donde Arturo Mora, químico de formación y cervecero de devoción, elabora sus propia cerveza. Persona con la que un día coincidí en las redes sociales donde desborda cualquier conversación cervecera por sus conocimientos y honestidad en su propuesta. Siempre me he sentido afín a su forma de entender el mundo de la cerveza, así que ya que pasaba cerca de A Coruña no me hubiera perdonado no parar a conocer sus instalaciones y saludarle.


Entro en el local, nada de artilugios innecesarios, ni decoración a la moda. El lugar cumple con lo básico, una rudimentaria separación de lo que es la zona de producción, una sencilla barra con cuatro grifos, varias mesas donde varios clientes comen algunas viandas que se han traído mientras beben despreocupados las cervezas Kel’s y un futbolín donde dos chicos echan una partida entre tragos y carcajadas.

Me acerco a la barra y pregunto por Arturo, desgraciadamente no está, ha viajado a su Cuba natal, me siento algo decepcionado, pero ya que estoy aquí no me iré sin probar sus cervezas. Comienzo por su clásica “Kel’s”, para continuar por su maravillosa “Bitter Pan”. A continuación  pruebo su reciente creación “Blackfemia” y una Scotch/Wee heavy que a pesar de su graduación tiene un trago fácil y directo. Sus cervezas reflejan muy bien lo que predica: honestidad y buen hacer, sin atajos, cervezas equilibradas y sin las estridencias que inundan el mercado, concepto no fácil de encontrar en nuestros días.


Por desgracia no suele embotellar a menudo y si se quieren probar sus cervezas hay que acercarse hasta aquí, visita muy recomendable donde he regresado a la idea del pequeño productor local, más preocupado en hacer un producto de calidad que en la parafernalia y artificios que muchas veces rodean al mundo de la cerveza actual.

Mi visita a A Coruña ha terminado, conozco pocas ciudades con un mercado tan cautivo de una única cerveza, pero incluso aquí se puede disfrutar de otras cervezas que pueden colmar el paladar del más exigente. Salgo del local, paso sigilosamente delante de la fábrica de Estrella de Galicia intentando ocultarme del ojo de la torre. Puntualmente, me vuelve a recoger el mismo conductor.

- Que tal la visita a A Coruña ¿ha cumplido sus expectativas? – pregunta de manera atenta.
- Pues… en parte si, pero volveré hay algo que ha quedado pendiente.

domingo, 5 de noviembre de 2017

#ISD17España - INTERNATIONAL STOUT DAY

¿Por qué celebro el International Stout day?… buena pregunta, no celebro el IPA day, ni cualquier otro día encomendado a ningún otro estilo, santo o efeméride cervecera, y sin embargo, el Stout day es una tradición a la que nunca fallo desde hace 5 años. Entonces ¿por qué celebro este día?

Son las 11 de la noche del 1 de noviembre y aunque hasta dentro de una hora no estaré celebrando esta fecha de pleno derecho me dirijo al refrigerador y selecciono una botella con cuello y chapa cubierta de cera color azul marino. Vierto el oscuro contenido en una copa snifter y observo el negro opaco del líquido a la luz del salón, el medio dedo de espuma marrón ya se ha reducido a un fino anillo que deja alguna lazada en las paredes de la copa. No hay prisa, todavía está algo fría para disfrutarla, la coloco en la mesa y hago unas fotos para que sirva de apoyo gráfico a este post y al evento que vamos a celebrar.

Fuente: http://www.stoutday.com/
Siempre he culpado a Jose Benedicto (Teddy) y su blog “Rubias, morenas, negras,… hablo de cerveza“  de que año tras años celebre este International Stout Day, pero hoy revisando mis aportaciones anteriores me doy cuenta de que no es así. Mi primera celebración data de 2013, si bien un año después Jose con su primera convocatoria de este evento, no solo institucionalizó la celebración, sino que la convirtió en una tradición hasta tal punto que me da la sensación de que llevo toda la vida celebrandolo y que no podría pasar un año sin hacerlo.

Acerco la copa a la nariz y disfruto de un aroma dulce con chocolate, vainilla, bourbon… gran aroma para esta Fifty Fifty Eclipse Barrel Aged Imperial Stout Ewan Williams 23 years (2014) que este año será la protagonista de esta jornada. Largo nombre para una de esas cervezas exclusivas que pretenden convertirse en el summun como experiencia cervecera única… o “épica” como reza su descripción comercial.

Repaso mentalmente todas aquellas cervezas que han formado parte de este día en ediciones anteriores: Cuvèe Delphine -aún hoy mi imperial stout favorita- , Speedway Stout, London Porter,  Ellezelloise Hercule, De Molen Rasputin, … todas ellas entre mis cervezas favoritas dentro de los estilos más oscuros de cerveza.

Empiezo a saborear la cerveza, ya está en su punto, en el primer sorbo ya distingo su principal punto fuerte,... es una cerveza redonda, pero también que no es tan corpulenta como esperaba. Los matices a chocolate, maltas tostadas y bourbon acarician mis papilas gustativas. Poco a poco se van añadiendo otros matices como la vainilla, que delatan su periodo de envejecimiento en roble… 

Si algo me gusta de estos estilos es que cuando los disfruto me piden buscar un momento para saborearlos sin prisas, con tranquilidad, mientras escucho música o simplemente miro por la ventana mientras llueve al cobijo del calor hogareño. La degustación termina por alargarse en el tiempo y a medida que la cerveza va adquiriendo temperatura, van apareciendo nuevos matices.

Busco algo de música para acompañar esta velada, pienso en algo de Jazz clásico para una bebida elegante como esta. Saco un viejo vinilo de Ella Fitzgerald y enchufo el viejo tocadiscos, que no le vendrá mal un poco de actividad ahora que ha sido totalmente desplazado por las reproducciones digitales. La música suena y a los primeros compases nuevos matices se hacen presentes: miel, uvas pasas,... ahora la vainilla y los matices dulces son más intensos, se ha convertido en una cerveza más leñosa y parece que el alcohol quiere aparecer tenuemente, deja una calidez en la boca y garganta realmente agradable, algo sorprendente para una cerveza de 11,9% contenido alcohólico.

Casi sin darme cuenta suenan las doce en el reloj de pared del salón, ya estoy celebrando el International Stout Day 2017 de pleno derecho.

Quiero conocer algo más sobre esta cerveza que estoy bebiendo, así que acerco el portátil y entro en la web de Fifty Fifty Brewing… madurada en barriles de roble que han contenido bourbon Ewan Williams de 23 años… y atraído por la curiosidad salto al anuncio de la Fifty Fifty Eclipse Release Party, fiesta de presentación de la edición de 2017 de esta cerveza y que se celebrará el próximo 7 de diciembre: Degustaciones de distintas añadas, aperitivos y maridajes para esta cerveza, una botella conmemorativa de Eclipse con su correspondiente copa y un 15% de descuento en la compra de cervezas Fifty fifty y todo ello por “solo” 100 $ … si estáis pensando ir, las entradas se agotaron a los dos días de ponerse a la venta… una locura.

Fuente:http://fiftyfiftybrewing.com/
¿Por qué he elegido esta Eclipse para este día? Bueno esta es la típica cerveza que reservas para abrir en un día importante o para alguna celebración especial, su exclusividad y altísimo precio así lo exigen, pero lamentablemente esa celebración o día importante nunca llega y a pesar de sus buenas propiedades para aguantar muchos años, no quería arriesgarme a echar a perder una cerveza ya de por sí redonda… cada vez soy más reacio a envejecer este tipo de cervezas, así que se convirtió en la candidata perfecta para este día.

Y poco a poco apuro los últimos sorbos, termino por fijarme en su largo regusto donde el roble y el bourbon se hacen más presentes. En conclusión, una cerveza deliciosa y bien pulida como no cabría de otra manera. Dulce pero sin empalagar, suave en un principio, pero leñosa a medida que pasa tiempo… ha sido una buena celebración, ahora es momento de irse a dormir, mañana me espera un largo viaje, pero no podía faltar a esta cita del International Stout Day 2017… El próximo año más.


lunes, 19 de junio de 2017

UNA VENTANA AL PASADO

Giró la llave en la oxidada puerta de fundición y al abrirla emitió ese “chirrio” agudo y molesto propio de las mejores películas de terror.

- Suena como la puerta de un cementerio ¿estás seguro que has comprado esto?

Ante nosotros una vieja casa indiana de finales del siglo XIX, un jardín totalmente descuidado, en el que se adivinaba entre la maleza alguna escultura mutilada. La fachada de la casa estaba llena de desconchones y alguna contraventana a punto de caer. El tejado medio hundido. De nuevo miré a mi compañero y le dije.

- Se parece a la casa de "El orfanato" – bromee - ¿será seguro entrar ahí?

- La estructura está en perfecto estado y el interior está mejor de lo que piensas… ya verás.

Palacio de Partarríu (Llanes). Casa donde se grabó "El Orfanato".
Por un momento dudaba de si mi decisión de entrar en aquella casa en ruinas era la correcta, pero esperaba conseguir mi recompensa. “El sótano está lleno de botellas” – me había dicho para convencerme de que le ayudara en la tarea de limpieza y selección de todo aquello que contenía.

La casa llevaba abandonada desde finales de los años 90 y sus últimos inquilinos habían dejado bastantes de sus pertenencias, así que la casa podía estar repleta de tesoros, sobre todo en ese sótano.

Sorprendentemente el interior estaba en bastante buen estado, era como si se hubiese detenido el tiempo, los muebles y enseres, aunque cubiertos de polvo estaban dispuestos como si todavía estuviese habitada.

Fijé mi vista en el mueble del recibidor:

- Por ese mueble conseguirás entre 1.000-1.200 € vi el otro día uno igual en el programa de Drew Pritchard (*) 

(*) Maestros de la restauración (Salvage Hunters), donde Drew Pritchard experto en antigüedades y objetos exclusivos recorre Inglaterra en busca de verdaderos tesoros que vender en su tienda de antigüedades.

- ¿En serio? ¿Vale tanto?

- No, es broma…no vale nada, para tirar. Empecemos por el sótano, quiero ver esas botellas de las que me has hablado.

En verdad, el sótano era digno de ver, los antiguos inquilinos lo habían convertido en un verdadero bar. Hasta habían montado una pequeña barra. Lo más interesante se encontraba en una de las paredes donde un botellero esculpido en la pared contenía un buen número de botellas. Empezamos a sacar una a una.

Creo que no ha habido suerte… vino cosechero y barato de hace más de 20 años… dudo que ni siquiera se pueda beber.

Esperaba encontrar alguna botella de cerveza, algún tesoro que incorporar a mí “Baúl de las Cervezas” con varias décadas encima. Aquel lugar hubiera sido un lugar perfecto para su conservación, pero como suele decirse “mi gozo en un pozo”, ni siquiera una sola botella a la que le pudiese extraer una etiqueta para ampliar mi colección.

Seguimos recorriendo habitación tras habitación seleccionando aquellos muebles y enseres que todavía podían estar en buen uso y aquellos que no lo estaban los fuimos sacando al jardín.

En realidad, ya había perdido la esperanza de encontrar nada de interés en aquella casa. Entramos en una de las habitaciones del último piso, una habitación que en tiempos debió pertenecer a algún joven, así lo atestiguaba dos posters pegados en la pared…

... Pero rápidamente mis ojos se dirigieron a una pequeña repisa sobre el cabecero de la cama, allí una decena de botellas de cerveza permanecían impasibles como restos de una pequeña colección.

Delirium tremens, Fruta prohibida, Piraat, Dominus, Franziskaner … Era como regresar al pasado. Algunas de aquellas botellas llevaba años sin verlas. La selección incluía una botella de una Young’s Oatmeal Stout y otra de La Trappe Tripel cuyas etiquetas hasta ese momento no tenía en mi colección.

¿Qué se podía encontrar en una casa abandonada en los años 90? Pues la cerveza que se bebía entonces en este país… aquellas “cervezas de importación” que nos llegaban desde Bélgica, Alemania, etc y que para muchos, entre los que me incluyo, fue el germen de nuestra afición cervecera.

Pero lo más sorprendente, tres botellas sin abrir, cuyo liquido elixir todavía estaba en su interior: una Grimbergen Optimo Bruno. Fecha Caducidad: 12/96, una Grimberben Dubbel. Fecha Caducidad: 09/96 y una Judas. Fecha Caducidad: 06/97. Auténticos tesoros para mi colección.




Analizando la estancia donde se encontraban, han tenido que sufrir importantes cambios de temperatura, la disposición de estas las ha tenido que exponer a la luz directa del sol que entra por la ventana… problemas añadidos al paso del tiempo.

Un día duro seleccionando y moviendo muebles y otros enseres. Al final de la jornada abrimos una de las botellas de vino del sótano… evidentemente estaba malísimo y se fue por el fregadero de inmediato.

La cuestión es ¿Qué hago con las botellas de cerveza?: ¿Las abro y las bebo? ¿extraigo las etiquetas para mi colección y tiro el contenido? ¿Las guardo llenas, como tesoro en mi baúl de las cervezas?



lunes, 30 de enero de 2017

L’ABBAYE DE SAINT BON-CHIEN

En una cervecería lejana, había un pequeño gatito “a trapetes” que respondía con un maullido al nombre de Bon-Chien (buen perro). Mantenía a los ratones lejos de los sacos de malta y era particularmente amable con las visitas entre las que aquel minino se volvió enormemente popular. Desbordaba simpatía sobre todo cuando se ponía a dos patitas y entonces alguien le decía “Bon-Chien” y el respondía nuevamente con un maullido…

Corrían los primeros meses de este siglo y ahí estábamos en medio de un atasco y de repente alguien reparó en el vehículo que teníamos delante…  BFM Brasseríe des Franches-Montagnes – “Miguel ¿la conoces?”

Las caras de mis acompañantes giraron hacia mí esperando que contara vida y obra de aquella cervecería, pero lamentablemente era la primera vez que oía ese nombre.

No tardé en ponerme al día, una vez que salimos del atasco en el primer supermercado que paramos pude adquirir varias de las cervezas de este elaborador.

… el 11 de junio de 2005 aquel cariñoso gatito dejaba huérfanos al personal de BFM. Yo nunca llegué a conocerlo, ya que mi primera visita a la cervecera tendría lugar años más tarde. Se cuenta que los trabajadores organizaron una ceremonia de santificación y en su memoria elaboraron la cerveza más especial de todas las que habían realizado hasta ese momento… L’Abbaye de Saint Bon-Chien había nacido

Cuesta cree que las cervezas de BFM y esta en particular tardaran en calar en un país cervecero como Suiza, Jérôme Rebetez enólogo de formación, comenzó su andadura como cervecero profesional tras ganar un concurso de talentos en el que el premio era poner en marcha el negocio de sus sueños. Quizás más afanado en hacer buena cerveza que en dar a conocerla tuvo una discreta repercusión hasta que en 2009 tuvo que ser "The New York Times" quién descubriera su "Ababye de Saint Bon-Chien" al mundo y de paso a los Suizos... a partir de ese momento todo se precipitó para BFM.

No recordaba la fecha exacta en que probé mi primera “Bon-Chien”, por suerte siempre puedo recurrir a mi registro de cervezas que me dice que fue precisamente durante ese 2009 y todavía ajeno al éxito cosechado "en las américas". Eso sí, recuerdo aquella cerveza como exquisita.


Hay que aclarar que inicialmente había sensibles diferencias entre las distintas añadas, de ahí la necesidad de indicar a que año pertenecía. Cada una era envejecida en barriles de distintas bebidas (vino, whisky, grappa,…).

En la actualidad, cada añada cuenta con su carácter, pero en mi opinión es un producto más homogéneo y es la serie “Grand Cru” la que sirve de expansión a esta serie de cervezas y en las que se experimenta con distintas opciones de barricas, blends y envejecimiento.

Desde aquel 2009 año tras años he tratado de ir probando las distintas añadas, a las que he fallado solo en una ocasión. Hoy toca disfrutar de la correspondiente a 2014.

Una “Abbaye de Saint Bon-Chien” no se bebe todos los días, así que me gusta rodearlo de cierta solemnidad y siempre busco un momento en el que pueda disfrutarla tranquilamente.

Aprovecho para consultar en la web de BFM alguna característica de esta “añada” pero solo encuentro una descripción genérica “Cerveza sour de fermentación mixta madurada un año en barricas que han contenido vino” (hay que decir que para ello suelen utilizar barriles de algunos de los mejores productores de vino suizo).

La derramo en la copa de BFM y observo de nuevo ese color ámbar rojizo, ligeramente turbia y una fina capa de espuma casi inexistente, que rápidamente se reduce a un pequeño anillo. Al acercarla a la nariz detecto su profundo carácter ácido, intento repetidamente detectar algún matiz a madera, sí, ahí está. El sabor es avinagrado, pero no como en esas cervezas que te hacen apretar los dientes y los ojos por su intensidad. Aquí el sabor es brillante, pero a la vez todo muy bien medido. Continuo saboreando el brebaje, hay notas maltosas que sirven de sustento a la acidez y algo picante al fondo. El regusto es afrutado y vuelven a aparecer notas de madera.

Por un momento me traslado mentalmente a mi última visita a BFM… recordando como cogí mi copa de “Bon chien” y me acerqué a la pared donde todavía hoy pemanecen algunas de las fotos de aquel simpático minino. Una inscripción rezaba “Saint Bon-Chien ? 1997 – 11 Junin 2005”, levanté la copa a modo de respetuoso saludo y bebí un sorbo… gran cerveza esta L’Abbaye de Saint Bon-Chien.