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lunes, 11 de enero de 2016

CERVEZA CALIENTE


El tema de las Glühbier me parece sumamente interesante, aunque inicialmente siempre me ha causado cierta repulsión beber una cerveza caliente... y cuando digo caliente, no me refiero a temperatura ambiente en un día caluroso, sino calentada.

Las Glühbier son la versión cervecera de los Glühwein, esos vinos especiados que se sirven calientes en los mercadillos que proliferan en las ciudades centroeuropeas durante las épocas navideñas, al aire libre y con temperaturas bajo cero en muchos casos.

Pero yo siempre que he bebido una de estas cervezas, en casa, ha sido bien fresquitas aun reconociendo que no habían sido creadas para dicho fin. Así que este año me propuse beberla como mandan los cánones. Tras buscar entre las distintas marcas que ofrecían una Glühbier en su catálogo, conseguí la de Appenzeller bier, elaboradas por los suizos de Brauerei Locher, muy habituales en mi baúl y frigoríco.

Para crearme una opinión más fiable, decidí tomar la cerveza fría y a continuación calentada, según indicaba la propia etiqueta, a no más de 60ºC para evitar que se evapore el 6% de contenido alcohólico de esta cerveza. En una segunda toma descubrí que la opción del microondas para calentar una jarra o taza de café es una buena alternativa. Más rápida y sencilla que calentar la cerveza en una cacerola en la vitro.

Y ya hablando de la etiqueta de esta cerveza, comentar que en ella aparece un dibujo haciendo alusión a Silverterchläuse, la ancestral celebración que tiene lugar el último día del año en la localidad de Urnäsch en Appenzell. Fiesta singular, extraña y digna de verse como pocas.

Volviendo al tema que nos ocupa, primero pruebo la cerveza fría. Haciendo una cata rápida, es de color a medio camino entre rojo y ámbar claro. De espuma y carbonatación más bien escasa. En el aroma predominan los matices especiados, que al probarla también encontramos en el sabor: Clavo, canela y nuez moscada. También es algo ácida y se puede encontrar algunos matices a cereza.


Al calentarla la cerveza se transforma en un brebaje que apenas recuerda a una cerveza, de hecho, la sensación de que te estás bebiendo una cerveza desaparece. Adquiere un tono rojizo más acusado. Ahora la carbonatación es más evidente. En el aroma aparecen notas alcohólicas y los matices especiados se intensifican. El sabor es tremendamente dulce y especiado. Es pegajosa y empalagosa. También aparecen intensificadas unas notas como a aguardiente de cereza, peladura de naranja y el final otra vez especias canela, clavo y nuez moscada, configurando un regusto un tanto artificial. Cuando llevo media jarra descubro que el alcohol parece más “cabezón”.


Como conclusión: definitivamente las Gluhbier no son para mí, al menos en un lugar que no sea un mercado de Navidad en Centroeuropa a una temperatura bajo cero, en cuyo caso esta cerveza entraría que da gusto, al igual que el vino al uso. Como se comenta en la web del fabricante, esta cerveza marida bien con unos guantes y tiempo gélido. Creo que mientras que no se den estas condiciones no volveré a probarla, al menos caliente.


La sensación de beber una cerveza caliente priva a esta de su propia esencia. Dudo que supiera diferenciarla de un vino u otra bebida alcohólica especiada caliente. Con lo cual está bien y es curioso probarla pero nada más, A mí para tomarme en casita en invierno que me den una imperial stout, una doppelbock o un barley wine.