martes, 25 de julio de 2017

DRY & BITTER EN EDICION LIMITADA

Dry & Bitter es una joven cervecera danesa, abrieron sus puertas en el 2015. Según ellos mismos afirman, con la intención de producir IPAs “super frescas”.

No es la primera vez que Dry & Bitter visitan este blog. Recuerdo su “Emotional intelectual” colaboración con Stillwater que me llamó gratamente la atención.

Paralelamente han trabajado en una compleja y ambiciosa línea de cervezas sour envejecidas en barril y posteriormente maduradas con diferentes frutos del bosque (frambuesas, arándanos y cerezas).

Fuente: dryandbitter.com
La verdad, que muy mal no les ha ido, sus cervezas tienen excelentes valoraciones en las webs de rating y a nivel europeo se han ido abriendo paso, con un buen número de colaboraciones con otros pequeños elaboradores craft.

Sus cervezas son elaboradas en Ølkollektivet cuyo lema viene a decir “Donde los cerveceros vienen a elaborar buena cerveza”, negocio donde también se producen otras marcas de cervezas artesanales danesas (Bad seed, Gamma, etc).

He tenido la oportunidad de probar 2 de las 3 cervezas que conforman su edición limitada de cervezas envejecidas, y aquí están mis impresiones:


PALE BLUE DOT

Según la descripción comercial, se trata de una “Belgian Golden Ale” de 7% de contenido alcohólico. Envejecida durante 9 meses en barricas de roble francés y posteriormente mezclada con arándanos y envejecida nuevamente durante tres meses más.

La presentación es en botella de 37,5 cl. y una etiqueta más o menos “elegante” con líneas doradas. Está bien cuidar detalles si quieres hacer una edición limitada y Dry & Bitter lo han hecho.

Descripción: Espuma blanca de duración más bien corta. Color rojo oscuro y algo turbia. En el aroma, notas ácidas y maltosas, arándanos y roble. El sabor sigue los mismos derroteros, mismos matices, a los que se les unen notas a vino que no había detectado en el aroma. Buen equilibrio, de cuerpo medio y un delicioso final seco y ácido.

Quizás esperaba algo más de carácter, la he bebido, me ha gustado y no ha pasado nada, es como si le faltara algo.

Valoración de El Baúl de las Cervezas: 7/10


CRIMSON QUEEN

La elaboración parte de una cerveza “Flemish brown ale” joven, que se envejece durante 13 meses en barricas de roble francés que ha contenido previamente Pinot Noir. Posteriormente se mezcla con cerezas danesas y se envejece durante otros 3 meses.

El resultado es una cerveza “Sour” de nada menos que 10,2% de contenido alcohólico, lo que ha hecho que los propios Dry & Bitter la califiquen como “Imperial Cherry Sour”… ahí queda eso!!!

La edición en la misma línea que su Pale blue dot, muy cuidada, en formato de 37,5 cl. y elegante etiqueta. Esta cerveza pasa por ser “la joya de la corona”, buenísimas valoraciones por doquier y la verdad es que promete.

Descripción: Medio dedo de espuma ligeramente rosada, de permanencia media. Color rojo oscuro profundo. Aroma predominantemente afrutado, con muchos matices alrededor: maltosos, ácidos, roble, … El sabor en un equilibrio magistral entre notas dulces afrutadas y ácidas, pero predomina un extraño sabor a cereza. Excelente bebebilidad, sus 10% de contenido alcohólico están perfectamente escondidos. Cuerpo medio, carbonatación baja y un final largo donde el equilibrio entre notas dulces, ácidas y cierto amargor es la nota destacable.

Lo cierto, es que me ha dejado la misma sensación que su “Pale blue dot”, es una cerveza muy pulida, redonda y me ha gustado… pero no me ha llenado, le ha faltado algo, que es difícil de explicar, no ha habido magia. Aún así excelente.

Valoración de El Baúl de las Cervezas: 8/10


CONCLUSIONES

La verdad es que se pueden poner pocos defectos a estas dos elaboraciones. Cervezas de calidad y bien ejecutadas. Los frutos del bosque se encuentran bien integrados y los meses de barrica han conseguido dos cervezas muy redondas.

Por el contrario, está todo tan “en su sitio” que parece muy “aséptico”, son dos cervezas que no emocionan. Es como ese guitarrista de técnica perfecta al que escuchas tocar con atención, sin errores, perfecto, pero al que le falta esos matices que te hacen levantar del asiento.

En cualquier caso, dos cervezas que merecen la pena probar, a pesar de que su precio se encuentra sensiblemente por encima de otras similares, no en vano es una edición limitada, elaborada con esmero y eso hay que valorarlo.



jueves, 13 de julio de 2017

FARMHOUSE ALES PARA EL III ANIVERSARIO DEL SEÑOR LÚPULO

La semana pasada “El Señor Lúpulo. Despacho de Cervezas”, en Gijón, cumplió tres años. Tienda especializada en cerveza, con una exquisita selección de referencias, varios grifos dónde van rotando cervezas de lo más interesante y sobre todo un lugar para pasarlo bien y hablar de cerveza. Merecidamente se encuentra en la agenda de todo buen cervecero que se encuentre en Gijón.

Al frente, dos entusiastas de la cerveza, Miguel y Abel con su carácter arriesgado y su estilo “canalla”, signo de identidad de este local, han conseguido que muchos gijoneses encontraran ese lugar donde descubrir y fomentar su cultura cervecera…

Con motivo del tercer aniversario tenían una semana cargada de eventos. Desgraciadamente no pude acercarme al local para asistir a todos ellos, así que tuve que elegir alguno y de entre todos ellos su cata de Farmhouse Ales con una selección de cervezas de lo más interesante fue mi elegido.

La cata fue dirigida por Miguel, uno de los responsables del Sr. Lúpulo y seguramente de que entre sus estanterías haya verdaderas joyas de estos estilos. Entre los asistentes, alguna cara conocida de otras catas y un perfil de aficionado a la cerveza con la que gusta compartir este tipo de eventos, entusiastas y a los que le gusta disfrutar sin prejuicios de esta bebida.

La cata comenzó con unas pinceladas sobre el origen histórico y evolución del estilo, explicado de manera sencilla y bien documentada. A lo largo de la cata se aportaron detalles que al menos yo desconocía. Sin mucha dilación comenzamos con la primera cerveza, como buenos adictos a Untappd sacamos nuestros móviles… empezaba la diversión.

Todo preparado para la cata.

La primera cerveza que probamos fue una Surette Provision Saison de Crooked Stave, probablemente la cerveza que más ganas tenía de probar de toda la cata, había leído maravillas de ella. De intenso aroma a albaricoque, que por cierto, en el sabor era difícil de detectar. Vinosa, algo ácida y con un carácter a barrica muy marcado. En mi opinión una cerveza espectacular.

Continuamos con la Lost Abbey Red Barn Ale, elaborada con jengibre, cáscaras de naranja, pimienta negra y otras especias. No soy mucho de jengibre, pero en este caso estaba tan bien integrado que no me desagrado en absoluto. La cerveza cumplía todos los paradigmas del estilo, se podría poner como ejemplo de lo que es una saison, todo en ella era perfecto, pero como me imaginaba la sobra de la Surette era alargada.

Bruery Terreux Batch Nº1731 / La Calavera - La Raimada / Lost Abbey Red Barn Ale.

Tras las dos joyas que acabábamos de beber le tocaba defender sus argumentos a La Raimada, de los catalanes de La Calavera, que cual David se enfrentaba en lucha desigual a los Goliats que le acompañaban en la cata. Hay que decir que me sorprendió muy gratamente, era una saison muy al estilo americano, notas dulces y ácidas, algún toque a madera y con 8,5% de contenido alcohólico que estaba tan bien integrado que apenas se notaba. Realmente una saison muy interesante.

Batch Nº1731 de Bruery Terreux, bien… ni idea, en la vida había oído hablar de ella. Miguel nos comenta que esta cerveza tiene su origen en la receta de un homebrewer que ganó un prestigioso concurso. Fermentada 100% con bretts y 5,1% de contenido alcohólico. Aroma herbal, floral y algo que identifico con el vino que ya me cautiva. En boca es una cerveza dura. Una amalgama de matices y sensaciones, es amarga, ácida y un poquito dulce. Astringente y un final seco. En definitiva, tiene ese maravilloso toque rústico. Así es como entiendo estos estilos, adoro cervezas como esta.

Pero para cervezas desconocidas, Station 7 de los canadienses Hopfenstak. También es una saison, de 7% ABV y con ciertos rasgos florales y a miel tanto en el aroma como en el sabor. Además de cuerpo ligero que la hacían muy fácil y agradable de beber, pero lejos del altísimo nivel del resto de cervezas que conformaron esta cata. Aún así, probar una cerveza tan difícil de encontrar por estos lares se puede considerar un verdadero lujo.

Llega uno de los puntos álgidos de la cata, por desgracia no todos los días se puede beber una Hill Farmstead Ale - Dorothy. Es una saison elaborada con trigo, bretts y lúpulo citra. Sencilla, sin fuegos de artificio y armoniosa… simplemente perfecta. Notas florales, frutales, toque ácido a limón y un final delicadamente amargo y seco. Personalmente fue la cerveza que más me gustó de la cata.

La siguiente cerveza era La Saison de BFM, expectante de la acogida de esta cerveza, ya que había recomendado incluirla en esta cata. Es una reinterpretación de aquellas antiguas Saison belgas. Recuerdo que la primera vez que la probé me había parecido una cerveza peculiar. Hoy entre cervezas del mismo estilo estaba en el entorno adecuado. Parece que al final su perfil rústico y complejo gustaron a los asistentes a la cata.

Llegaba el momento de otra de las cervezas que tenía marcadas en mi agenda, Biére de ‘Shire de Smuttynose, una cerveza que aparece normalmente en lo alto de las listas cuando se habla de Bieres de garde. Lo cierto es que en cierta medida me defraudó un poco. En mi opinión se aleja bastante de los estándares del estilo, aún teniendo en cuenta el perfil con el cual los elaboradores americanos suelen ejecutar estos estilos. Sus notas ácidas podrían confundirse fácilmente con una saison al uso y no tanto con una biére de garde.

La cata terminaba con la extraordinaria “Avec les Bons Voeux” de Brasserie Dupont, a medio camino entre una triple y una cerveza de granja, con ese toque rústico que hizo que congeniara perfectamente con el resto de cervezas de la cata.

Quedaba una sorpresa, un bonus track con el que nos obsequió la gente del Señor Lúpulo, 1805 Farmhouse Rye Saison, cerveza de colaboración entre La Pirata y los londinenses Brew by numbers, de la que dadas las cervezas que llevábamos encima solo recuerdo que estaba muy buena.

A priori, tenía mis dudas de beber tantas cervezas con un perfil similar, pero a la postre se ha revelado como una cata muy variada, dentro del mismo estilo. Cervezas con mucha personalidad y carácter propio. Los asistentes disfrutamos de verdaderas joyas y pasamos un buen rato, que más se puede pedir. “Larga vida al Señor Lúpulo!!!” 






martes, 4 de julio de 2017

CEMENTERIO DE CERVEZAS

Llevo más de 20 años envejeciendo cerveza en casa. A lo largo de estos años he cometido más errores en la guarda de los que os podéis imaginar y con ellos no solo se iba una cerveza, sino todo ese tiempo que estuvo guardada y ya se sabe que el tiempo es oro.

Cuando ocasionalmente alguien en algún foro o en las redes sociales comparte su bodega de cervezas, casi siempre se me “cae el alma al suelo” al comprobar que la gran inmensa mayoría de las personas, incluso aquellos que se supone deberían ser expertos, siguen cometiendo aquellos errores que yo cometí y que todavía en ocasiones sigo cometiendo.

Por eso no está de más compartir unas pequeñas ideas y consejos que pueden evitar, utilizando una expresión que leí hace tiempo, que nuestra bodega se convierta en un verdadero cementerio de cervezas, donde perecen lentamente aquellas que un tiempo fueron deliciosa y extraordinarias y que el paso del tiempo ha terminado por echar a perder… no se merecían acabar sus días así.

Es un tema complejo, por naturaleza los aficionados a la guarda de cerveza tendemos a pensar de una determinada forma, solemos tener las mismas carencias y por supuesto, hay creencias populares que se transmiten de generación en generación y que en realidad no hacen mucho bien a nuestras bodegas.

Como primera reflexión, siempre tenemos que tener presente cual es el objetivo que perseguimos con el envejecimiento de cervezas en casa. Evidentemente no es beber una cerveza en mal estado dentro de unos años y más cuando podríamos beberla hoy mismo en las condiciones “deseadas” por el fabricante.

Al menos para mí, el objetivo es beber una cerveza única y distinta, con unas cualidades que solo el tiempo puede dar, incluso en muchas ocasiones una cerveza que me guste más que la misma cerveza sin envejecer y por supuesto en plenas condiciones de consumo, a pesar de que lleve "caducada" hace años.

Es decir, en realidad no buscamos que envejezca sin más (imbebible y deteriorada), ni que se conserve en perfecto estado sin evolución (para eso la meteríamos directamente en el frigorífico). Sino que envejezca con salud y “buena presencia”… una especie de Sean Connery, Sharon Stone o Richard Gere, aportando nuevos y atractivos matices con el paso de los años.


El primer error que solemos cometer es esa tendencia a llevar directamente a la bodega esas cerveza carísimas y únicas, que ni siquiera hemos probado. Ediciones limitadas, exclusivas, “Barrel aged”… verdaderos monstruos que ocupan los primeros puestos en las webs de ratings.

Estas cervezas ya se encuentran en perfecto e inmejorable estado de consumo, por algo ocupan esos puestos en el imaginario del aficionado a la cerveza. Por lo general son cervezas caras o incluso de precios prohibitivos… entonces ¿por qué jugárnosla con la cantidad de factores que pueden influir y que por lo general solemos desconocer?

Muchas veces esperamos una ocasión especial para beberla, pero si ese es el destino, afirmo rotundamente que la mejor opción es meterla en frigorífico hasta que llegue ese momento, intentando así que sus propiedades pierdan lo menos posible.

El coste medio de la botella de mi baúl de las cervezas (aquellas que guardo para envejecer) ronda los 2,5 euros/botella (a precios corrientes) y eso que entre ellas hay alguna cerveza importada de USA cuando era algo prohibitivo y algunos “carpichos” de estas ediciones especiales de las que hablo.

Con esto no quiero decir que estas cervezas excepcionales no se envejezcan o que no sean adecuadas, posiblemente si lo sean y con buenos resultados. Pero la realidad es que podemos tener una buena bodega con cervezas relativamente baratas y asumiendo menos riesgos.

Lógicamente este consejo tiene excepciones si de la cerveza exclusiva X, poseo 20 botellas, y veo que tienen potencial para el envejecimiento, yo por lo menos no me resistiría a guardar algunas de ellas e ir consumiéndolas a 3, 5 o 10 años, en función de su potencial y características.


El segundo error ya lo he comentado en el punto anterior y muchas veces es derivado de este. Tenemos la extraña costumbre de dejar en guarda esa cerveza que nunca hemos probado, únicamente por que a ojo parece ser buena para envejecer… y mis preguntas son ¿cómo podremos saber si ha evolucionado a mejor? ¿Cómo podremos disfrutar de su evolución si ni siquiera sabemos cómo sabía en origen? Y un punto que tratare más tarde ¿cómo podremos determinar su potencial para el envejecimiento si no la probamos previamente? Cierto, la etiqueta y características de la cerveza pueden darnos alguna pista.

Yo personalmente, no me fio de los comentarios de otros aficionados, llamarme desconfiado. Me gusta probar, analizar y determinar por mí mismo que cervezas merece la pena envejecer, con el paso de los años se va adquiriendo cierta experiencia y aprendiendo con que perfiles se obtienen ese resultado que más nos gusta.


Tercer error: solemos acumular para su guarda cervezas en cantidades desmesuradas y sin razón, como si nuestra bodega fuera un refugio nuclear que tuviera que abastecernos de esta bebida el resto de nuestras vidas. Lo cierto es que prestamos poca o ninguna atención al número de cervezas que tenemos en guarda y esto es sumamente importante si queremos evitar que nuestra bodega se convierta en un verdadero cementerio de cervezas.

Aquí no hay un número óptimo ya que dependerá de nuestra capacidad de consumo y más teniendo en cuenta que a la mayoría de nosotros también nos gusta probar cervezas frescas.

Es interesante trabajar con dos conceptos: “verticalidad” (misma cerveza de distintos años) y “horizontalidad” (cervezas de un mismo año). Hay que ponerlos en relación y hacer un verdadero planning de envejecimiento. Cada cerveza que entra en nuestra bodega debe ir con su objetivo de envejecimiento y año de consumo.

Esto nos llevara a un tamaño apropiado, ni muy grande ni mi pequeño, actualmente mi bodega suele tener un número más o menos constante entre 130-150 botellas. Este número me permite consumir alrededor de unas 30 cervezas envejecidas al año, más imprevistos , visitas y celebraciones. Entre ellas varias líneas verticales de la misma referencia para poder comparar distintos años.  De algunas mantengo reposición constante para beberlas al llegar a cierto envejecimiento que he descubierto que es el más apropiado o me gusta especialmente.



Cuarto error: Nos falta formación, experiencia y conocimientos, incluso entre los aficionados al envejecimiento más experimentados.

La mayoría de nosotros no hacemos un análisis de potencialidad de envejecimiento de cada cerveza que pensamos dejar en nuestra bodega, desconocemos o no entendemos los procesos químicos y biológicos que rigen el envejecimiento y como afectan los factores externos.

Tendemos a pensar de una manera simplista, que esto de envejecer cerveza es elegir una cerveza con alta graduación alcohólica, dejarla en un lugar oscuro y fresco y ya está todo hecho. Todavía me sorprendo de que la mayoría de estas cervezas no se vayan por el fregadero… claro después de tenerla guardada 10 años a ver quién es el valiente que declara abiertamente que era una cerveza imbebible… con lo que nos costó.

En serio, no lo digo gratuitamente, ¿Cuántos podríamos responder a la pregunta de qué cerveza es más apropiada para envejecer una lager o una ale? ¿una que ha sido elaborada con lúpulo simcoe o otra elaborada con nugget? ¿con mayor o menor graduación alcohólica? ¿con o sin bretts? ¿con maltas tostadas o sin ellas? ¿que densidad deben tener? ¿a qué temperatura, con qué cierre y en qué posición debo conservarlas?... y lo más interesante ¿por qué?

Personalmente antes de meteros en foros sobre envejecimiento de cerveza os recomiendo leer el libro “Vintage Beer” de Patrick Dawson, tiene todos los conocimientos necesarios para posteriormente leer con aprovechamiento un montón de artículos, más técnicos, que existen en la red y por supuesto para valorar y ser crítico con los comentarios y recomendaciones que se lanzan habitualmente en foros y redes sociales sobre este tema.


Otro día trataré de profundizar más en alguno de estos puntos y en las claves para obtener buenos resultados. Hoy simplemente mi idea era exponerlos de manera genérica estos comportamientos generalizados, en mi opinión errores, que todos o la mayoría hemos cometido en algún momento.

En serio, no nos convirtamos en “creadores de cementerios de cervezas”, este auténtico elixir de los dioses se merece que lo consumamos y lo disfrutemos plenamente. La próxima vez que penséis en diseñar vuestra bodega o guardar determinada cerveza para que envejezca espero que este artículo os sirva de ayuda, yo solo he tratado de extraer esos consejos que mi experiencia ha dictado.


lunes, 26 de junio de 2017

BALADIN OPEN GOLD

Teo Musso es una de esas personas, dentro del panorama cervecero, al que podríamos aplicar el apelativo de “gurú cervecero” sin temor a desviarnos de la realidad. Genio y figura, carismático, polifacético, comunicador, gran elaborador de cervezas, inventor de la famosa copa Teku y al mando de todo un pequeño imperio detrás de su marca Baladin, que incluye no solo cervezas, sino también destilados, sidra, distribución propia, bares, restaurantes, alojamientos…

Fuente: http://www.baladin.it

Todo comenzó en un pequeño pub llamado “Le Baladin” en Piozzo (Cuneo) con una gran variedad de referencias, casi todas extranjeras. Más tarde se convertiría en Brewpub y ya a finales de los 90 comenzó a producir sus primeras elaboraciones en botella (Super e Isaac). Y poco a poco el negocio fue creciendo.

Yo oí hablar de él por primera hace unos diez años. Recuerdo que levantaba en mi un sentimiento entre curiosidad e incredulidad. Ponía música a sus levaduras durante el proceso de fermentación, lo cual a priori podía parecer algo disparatado... pero ¿acaso las levaduras no son seres vivos? ¿no hay personas que ponen música a las plantas y dicen que crecen mejor? ¿no producen más leche aquellas vacas que escuchan música de Mozart durante todo el día? ¿quién soy yo para cuestionarlo?

… y han pasado los años y ahí lo tenemos, vanguardista y creativo, elaborador de grandes cervezas, las cuales, siempre merecen una atención especial.

Me quedo con la frase de Ted Thomas: “Es posible que Jesús convirtiera el agua en vino, pero Teo Musso ha dado un paso más allá, convirtiendo la cerveza en vino”.


PROYECTO OPEN

Y llegamos al motivo de este post, “Open Balandin”. Hace unos años en un paso más por la difusión de su cerveza creo y convirtió su Open Gold en la primera cerveza italiana de “código abierto”. Es decir, publicó y transmitió la receta con las instrucciones exactas para que todo aquel homebrewer que lo desease pudiese reproducirla en casa con un sencillo equipo de homebrewing. 

El concepto consistía en desafiar a todos aquellos elaboradores caseros a que hicieran un clon de su cerveza. Fue el inicio de una interacción e intercambio de ideas con hombrewers de todo el mundo y ahora la gama “open” cuenta con cuatro cervezas dentro del portfolio habitual de la marca.


OPEN GOLD

Pues sí, tengo ante mí una botella de Baladin Open Gold, busco apoyo en la Web de Baladin (http://www.baladin.it) para completar mi narración.

Es una interpretación de una American Pale Ale, pero estando Teo Musso por medio sé que no va a ser una APA sin más. Con 7,5% de contenido alcohólico y 43 IBUs, agua, malta, lúpulo y levadura nada aventura ninguna peculiaridad y excentricidad en la elaboración.

Al derramarla, por supueso, en una copa Teku, genera una densa y cremosa espuma blanca, tan compacta que parece ser un elemento independiente de la cerveza que se encuentra flotando y tapona la parte superior de la copa. El color se encuentra entre dorado y anaranjado y se puede ver alguna partícula buceando entre el líquido.

En el aroma notas cítricas, un poquito de caramelo y lúpulos americanos. Casi podría adivinar los tipos de lúpulo utilizados, pero no quiero tentar a la suerte…

El sabor no deja lugar a dudas matices cítricos, pomelo por delante y un fondo dulce maltoso de base. Todo delicadamente integrado, muy sencilla, pero con mucho encanto.

En boca se presenta con un buen cuerpo, teniendo en cuenta el estilo, nada engorroso. El alcohol bien integrado, aunque reconozco que llega un momento que parece querer salir… falsa alarma. El final es amargo y ligeramente seco.


CONCLUSIONES

Siempre intento extraer una moraleja de esta sección de conclusiones y en este caso no es otra que: No hace falta una cerveza extraordinariamente compleja para volverme loco

Esta cerveza está exquisitamente elaborada, sorprende por su sencillez y fácil beber, no te hará soltar un “oooh” de asombro pero a cada trago te irá ganando.

Una pregunta muy efectiva para indicar si una cerveza me ha gustado realmente es: “si te la encuentras en un stand de una tienda ¿la volverías a comprar?” de hecho hay muchas cervezas que valoro muy positivamente, pero a las que respondería un “No” rotundo. No es el caso, si la vuelvo a encontrar la volvería a comprar. 

Quizás no es de sus mejores cervezas, pero es muy muy disfrutable y para mí eso es suficiente en una cerveza. Creo que podría beberla habitualmente sin llegar a cansarme de ella.


Valoración de El Baúl de las Cervezas: 8/10



Ficha Técnica:
Fabricante:
 Le Baladin.
Elaborada en:
 Piozzo (Italia).
Estilo:
 American Pale Ale.
Color:
 Dorado-Anaranjado.
Alcohol:
 7,5% Alc.
IBUs:
 43
Temperatura:
 10º C.
Servir en:
 Copa Teku.





lunes, 19 de junio de 2017

UNA VENTANA AL PASADO

Giró la llave en la oxidada puerta de fundición y al abrirla emitió ese “chirrio” agudo y molesto propio de las mejores películas de terror.

- Suena como la puerta de un cementerio ¿estás seguro que has comprado esto?

Ante nosotros una vieja casa indiana de finales del siglo XIX, un jardín totalmente descuidado, en el que se adivinaba entre la maleza alguna escultura mutilada. La fachada de la casa estaba llena de desconchones y alguna contraventana a punto de caer. El tejado medio hundido. De nuevo miré a mi compañero y le dije.

- Se parece a la casa de "El orfanato" – bromee - ¿será seguro entrar ahí?

- La estructura está en perfecto estado y el interior está mejor de lo que piensas… ya verás.

Palacio de Partarríu (Llanes). Casa donde se grabó "El Orfanato".
Por un momento dudaba de si mi decisión de entrar en aquella casa en ruinas era la correcta, pero esperaba conseguir mi recompensa. “El sótano está lleno de botellas” – me había dicho para convencerme de que le ayudara en la tarea de limpieza y selección de todo aquello que contenía.

La casa llevaba abandonada desde finales de los años 90 y sus últimos inquilinos habían dejado bastantes de sus pertenencias, así que la casa podía estar repleta de tesoros, sobre todo en ese sótano.

Sorprendentemente el interior estaba en bastante buen estado, era como si se hubiese detenido el tiempo, los muebles y enseres, aunque cubiertos de polvo estaban dispuestos como si todavía estuviese habitada.

Fijé mi vista en el mueble del recibidor:

- Por ese mueble conseguirás entre 1.000-1.200 € vi el otro día uno igual en el programa de Drew Pritchard (*) 

(*) Maestros de la restauración (Salvage Hunters), donde Drew Pritchard experto en antigüedades y objetos exclusivos recorre Inglaterra en busca de verdaderos tesoros que vender en su tienda de antigüedades.

- ¿En serio? ¿Vale tanto?

- No, es broma…no vale nada, para tirar. Empecemos por el sótano, quiero ver esas botellas de las que me has hablado.

En verdad, el sótano era digno de ver, los antiguos inquilinos lo habían convertido en un verdadero bar. Hasta habían montado una pequeña barra. Lo más interesante se encontraba en una de las paredes donde un botellero esculpido en la pared contenía un buen número de botellas. Empezamos a sacar una a una.

Creo que no ha habido suerte… vino cosechero y barato de hace más de 20 años… dudo que ni siquiera se pueda beber.

Esperaba encontrar alguna botella de cerveza, algún tesoro que incorporar a mí “Baúl de las Cervezas” con varias décadas encima. Aquel lugar hubiera sido un lugar perfecto para su conservación, pero como suele decirse “mi gozo en un pozo”, ni siquiera una sola botella a la que le pudiese extraer una etiqueta para ampliar mi colección.

Seguimos recorriendo habitación tras habitación seleccionando aquellos muebles y enseres que todavía podían estar en buen uso y aquellos que no lo estaban los fuimos sacando al jardín.

En realidad, ya había perdido la esperanza de encontrar nada de interés en aquella casa. Entramos en una de las habitaciones del último piso, una habitación que en tiempos debió pertenecer a algún joven, así lo atestiguaba dos posters pegados en la pared…

... Pero rápidamente mis ojos se dirigieron a una pequeña repisa sobre el cabecero de la cama, allí una decena de botellas de cerveza permanecían impasibles como restos de una pequeña colección.

Delirium tremens, Fruta prohibida, Piraat, Dominus, Franziskaner … Era como regresar al pasado. Algunas de aquellas botellas llevaba años sin verlas. La selección incluía una botella de una Young’s Oatmeal Stout y otra de La Trappe Tripel cuyas etiquetas hasta ese momento no tenía en mi colección.

¿Qué se podía encontrar en una casa abandonada en los años 90? Pues la cerveza que se bebía entonces en este país… aquellas “cervezas de importación” que nos llegaban desde Bélgica, Alemania, etc y que para muchos, entre los que me incluyo, fue el germen de nuestra afición cervecera.

Pero lo más sorprendente, tres botellas sin abrir, cuyo liquido elixir todavía estaba en su interior: una Grimbergen Optimo Bruno. Fecha Caducidad: 12/96, una Grimberben Dubbel. Fecha Caducidad: 09/96 y una Judas. Fecha Caducidad: 06/97. Auténticos tesoros para mi colección.




Analizando la estancia donde se encontraban, han tenido que sufrir importantes cambios de temperatura, la disposición de estas las ha tenido que exponer a la luz directa del sol que entra por la ventana… problemas añadidos al paso del tiempo.

Un día duro seleccionando y moviendo muebles y otros enseres. Al final de la jornada abrimos una de las botellas de vino del sótano… evidentemente estaba malísimo y se fue por el fregadero de inmediato.

La cuestión es ¿Qué hago con las botellas de cerveza?: ¿Las abro y las bebo? ¿extraigo las etiquetas para mi colección y tiro el contenido? ¿Las guardo llenas, como tesoro en mi baúl de las cervezas?



lunes, 5 de junio de 2017

STRUISE EARTHNUN

De Struise Brouwers son uno de esos elaboradores que más han asomado la cabeza por este blog. No es extraño, un excelente portfolio de cervezas, maestría en el arte de envejecer en barrica y una inquietud a la hora de experimentar sin límites.

Esta última cualidad da pie a que al margen de su gama habitual de cervezas, regularmente aparezcan multitud de cervezas de tirada corta que son resultado de su capacidad de experimentación muchas veces reinventando sus cervezas más conocidas y otras partiendo de cero.

Hace unos meses, desconozco si fue con motivo de su 15 aniversario aparecieron en el mercado una serie especial de cervezas basadas en varias de sus elaboraciones más aclamadas. Entre ellas, una despertó especialmente mi interés. Llamada Earthnun su nombre y su etiqueta me recordaba a aquella Struise Aardmonnik que describí en aquel post titulado “Siete cervezas olvidadas”.

Así pues, tras conseguir esta rareza y probarla detenidamente, detallo a continuación mis impresiones:


INFORMACIÓN PREVIA

Esta cerveza es una mezcla de Pannepot Reserva (70%) y Earthmonk/Aardmonnik (30%) envejecida en Barricas que antes habían contenido vino Château Margaux. Su contenido alcohólico es del 8%.

Este Blend no es nuevo, de hecho, se había realizado previamente para asistir a varios festivales en el año 2007 y el blend correspondiente a esta botella data de 2009 según la etiqueta.

En cuanto a en qué estilo incluirla, lo más lógico, como bien hacen diversas webs de rating es calificarla como una cerveza Sour, puesto que esa proporción de Earthmonk utilizada le da ese matiz agrio típico de las cervezas Oud Bruin belgas.


CATA

Es de color marrón oscuro, tiene una capa de espuma beige inicialmente de un dedo de grosor, que se reduce rápidamente a un anillo pegado a las paredes de la copa.

El aroma promete, por un lado dominan las notas maltosas, el caramelo y frutos secos. Por otro notas agrias y de fondo un matiz bastante claro a madera.

El sabor es ligeramente ácido y mantiene un frágil equilibrio con unas notas dulces igualmente débiles. Los matices afrutados se materializan en unas notas a cerezas. También se hace presente el caramelo y de fondo nuevamente la madera de forma omnipresente. Da la sensación de que matices ácidos y dulces “luchan” con cierta desgana sin terminar de prevalecer ninguno y menos de combinar armoniosamente.

En boca es una cerveza con buen cuerpo, sedosa, pero se nota cierta astringencia como la de un vino tinto. El regusto es largo y extraño, donde la madera es el matiz predominante.


CONCLUSIONES

Cuando pruebo este tipo de cervezas la decepción no es un sentimiento válido. Al fin y al cabo, se está probando una cerveza especial en todos los aspectos y para un amante a la cerveza y en particular a la cerveza envejecida esta elaboración es el summun.

Pero dicho lo anterior hay que echar mano de un tópico, la unión de dos cervezas excepcionales no tiene por qué ser una cerveza excepcional y en este caso, según mi criterio no lo es.

Se ve que ha habido un trabajo en el mezclado hasta conseguir una complejidad y cierto equilibrio en la receta, pero siendo objetivo la combinación de ambas no funciona, la mezcla de sabores no encuentra un sentido claro, la cerveza apunta a muchos lugares sin terminar de definirse.

Es una cerveza muy valorada allá donde busquéis información, pero sinceramente yo no la valoraría más que como una cerveza notable, quizás estoy siendo demasiado generoso.

Eso sí, en cuanto a la complejidad, es sin duda una de las cervezas más complejas que he probado, quizás por su origen en dos cervezas tan distintas y tan complejas como son Pannepot y Aardmonnik. En la cata solo he recogido aquellos matices más obvios, pero incluso estos mismo podrían desgranarse mucho más.

La realidad es que estas dos cervezas funcionan de manera excelente por separado y el blend de estas no deja de ser anecdótico, en cualquier caso, había que probarla.


Valoración de El Baúl de las Cervezas: 8/10


Ficha Técnica:
Fabricante:
 De Struise Brouwers.
Elaborada en:
 Oostvleteren (Bélgica)
Estilo:
 Sour Ale.
Color:
 Marrón oscuro.
Alcohol:
 8% Alc.
IBUs:
 N/A
Temperatura:
 10º C.
Servir en:
 Copa Snifter / Tulipa / Vino.