viernes, 3 de octubre de 2014

UN DIA EN CANTILLON

Hay cientos de artículos en la red narrando y describiendo lo que es una visita a la Brasserie Cantillon. Pero quiero pensar que nuestra primera visita, hace ya mucho tiempo, fue distinta, aquí mi narración:

- Tiene que estar por aquí, ¿tú ves algo?
- No y llevamos ya dos vueltas a la manzana, esto solo son ruinas, parece estar abandonado
- Pero la dirección es esta. No lo entiendo.

Estábamos buscando uno de esos lugares mágicos para cualquier amante a la cerveza, la Brasserie Cantillon. Donde Jean-Pierre Van Roy, un “purista intransigente”, se había afanado en la cruzada de seguir produciendo la cerveza lambic como en el siglo XIX, cuando todos sus competidores se habían aprovechado de los avances científicos.



De repente una vieja puerta de almacén totalmente destartalada y llena de telas de araña se abrió y un hombre que cargaba con una caja llena de botellas salió.

¿Será aquí? Estiré el pescuezo dentro y un olor rancio me pegó un golpe que casi me tumba y una voz que nos decía “Entren, entren” y así lo hicimos.


Ante nosotros una estampa difícilmente imaginable, el caos propio de una actividad más afanada por hacer su trabajo que por atender a molestos turistas. Las tuberías goteaban, botellas tiradas en el suelo de cualquier manera, mangueras por el suelo y telarañas por doquier (después nos explicaron la función que estas juegan en el proceso).

- Pasen la fabrica se puede visitar, pueden unirse a aquel grupo que acaba de llegar o hacer la visita con esta pequeña guía.

Al fondo un pequeño grupo de americanos esperaba a iniciar el recorrido, a parte nos dieron una hoja fotocopiada en Francés o Inglés.


Comenzamos la visita con el grupo guiado, un grupo que pronto demostró que lo único que le importaba era la cata prometida al final de la visita. Ante tal conducta “hereje” para un amante de la cerveza como yo, decidimos seguir la visita por nuestra cuenta y descubrir cada rincón a nuestro ritmo.

Los trabajadores seguían a lo suyo, sin prestarnos casi atención y por supuesto nosotros con la intención de molestar lo mínimo.

Las maderas del suelo crujían lo cual ahora le daba encanto, de los barriles salía una espuma fruto de la fermentación espontánea que solo puede fermentar de este modo en esta región de Bruselas y las botellas se apilaban de manera armoniosa marcadas con una pequeña pizarra que indicaba su contenido… nuestra percepción había cambiado respecto al “golpe de realidad” inicial, ahora estábamos en un lugar mágico.


No sé cuánto tiempo estuvimos empapándonos de la forma de hacer las cosas de Cantillon maravillados, perplejos… pero cuando nos dimos cuenta, los americanos hacía mucho tiempo que se habían ido.

El guía respiraba tranquilo en la salida y conversaba con una mujer y otro hombre mientras bebían unas cervezas en torno a dos barriles habilitados a modo de mesas.

Cuando llegamos allí pude reconocer que el hombre que hablaba con el trabajador que había hecho de guía era el mismísimo Jean Pierre Van Roy.

El guía rápidamente se apresuró a decirnos que nos quedaba la cata de las cervezas, a lo que contestamos “A eso hemos venido acompañado de un guiño de complicidad.

La mujer, amiga de la familia Cantillon, pronto entabló conversación con nosotros:

- “¿de dónde sois? ¿Cómo habéis llegado a parar aquí?, buena guía turística tenéis, este es el mejor lugar del mundo!!!”

Nos acercaron dos copas y seguimos conversando. Jean Pierre soltó algunas de esas frases lapidarias y que le han llevado a ser un gurú de las cervezas Lambic:

“La gente dice que soy un maestro cervecero, pero yo no hago nada, todo ocurre de manera natural”.

“Todo se produce de manera natural, todas nuestras cervezas son distintas, cada una tiene su personalidad, la que la naturaleza ha querido darle”.

Y así hablando copa tras copa. Probamos todas las variedades que tenían a mano, mientras todos contábamos nuestras impresiones. Yo embriagado por el sabor ácido característico de Cantillon que no he encontrado en otras Lambic, por lo menos de forma tan acentuada.


Lo cierto es que salimos tambaleándonos y cargados de botellas de aquel maravilloso elixir que acabábamos de descubrir, nada parecido a las Lambic que había probado hasta el momento. Hoy por hoy las “Gueze” fabricadas en Cantillon se encuentran entre mis favoritas.

Han pasado muchos años desde aquel día, pero nunca olvidaré uno de los mejores días cerveceros de mi vida.

Al cabo de varios años regresé, todo había cambiado sensiblemente, las puertas de acceso eran nuevas, la zona de bienvenida estaba más organizada, había una zona de catas y un lugar donde se vendía cerveza y todo tipo de merchandising relacionado con Cantillón.


El funcionamiento de la empresa había pasado a los hijos de Jean Pierre (Jean, Julie y Magali), pero la esencia seguía siendo la misma.

La cervecería estaba llena de visitantes, en grupos organizados y al llegar te preguntaban qué idioma hablabas y te daban una guía… incluido en Español.


A partir de ahí, todo igual, al meterte de nuevo en el circuito donde te enseñaban el proceso de fabricación, volvías a retroceder al siglo XIX, las maderas del suelo del almacén seguían crujiendo, las telas de araña seguían ahí y por supuesto ese olor rancio tan característico, toda una experiencia muy recomendable.




13 comentarios:

  1. Joder que maravilla de post! , da gusto leerte! ,lo has descrito con tanto sentimiento! ,En diciembre ( con frío ejje) voy a Bruselas , Gante , Brujas y algo más…. y entre todo lo que tengo apuntado y lo que van diciendo compañeros bloggers , voi tomando nota.
    Cantillón obviamente es la parada estrella , tengo mucha ilusión por visitarlo y tomar allí algunas ( ademásdecomprar).
    Sabes si venden etiquetas o las puedes pedir? (ya que colecciono etiquetajes jeje) sI no , pues me pillo algunas botellas , me las bebo en el hotel y allí intento quitárselas , lo malo es que se me rompan , pero siempre querrá el recuerdo!

    Un saludo , enhorabuena por el post y el blog

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    1. Hola Dani. Perdón por el retraso en contestarte. Gracias por tú comentario, para mí Cantillon es un lugar de culto por su forma de hacer las cosas y por sus cervezas distintas a todas las demás... vete sin ideas preconcebidas, pero con la idea de que es un lugar único.

      Bélgica es un país maravilloso para los amantes a la cerveza. Gante es el mejor sitio para disfrutar de los bares, no olvides cumplir con la tradición en la taberna De Dulle Griet pidiendo una Kwak Max (tendrás que pagar a modo de fianza uno de tus zapatos). Brujas me dejó indiferente y Bruselas aprovecha para hacer compras y visitar Cantillón y si puedes La Senne.

      A disfrutarlo, Saludos

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    2. Se me había olvidado comentarte que en Cantillon podrás hacerte con todas las etiquetas de sus cervezas sin problemas, a parte de todo tipo de merchandising.

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    3. Gracias por contestar jeje ( había mirado varias veces a ver si contestabas, mas vale tarde que nunca jeje)
      Pues me pones los dientes largos con lo del merchandaising y por supuesto caerá una kwak max, me llebaré unos zapatos de sobra para llevarme la copa…. es broma no hago esas cosas jeje. Gran sitio!! un saludo y gracias de nuevo!!!

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  2. He llegado a este post hurgando el blog y sinceramente te tengo que dar la enhorabuena por lo bien que has conseguido plasmar las sensaciones que viví en mi única visita a este edén. Simplemente mi lugar cervecero favorito. Me han entrado unas ganas de volver a Bélgica y de tomarme una Cantillon... jajaja!!!! Enhorabuena por el post y un saludo!!

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    1. Gracias!!! Coincido contigo Lupoadicto, para mí es un lugar mágico... aunque en mis últimas visitas solo haya parado para comprar, mi primera visita aquí narrada pasa por ser una de mis mejores experiencias cerveceras y es lo que he intentado plasmar aquí.

      Me agrada poder, con esta entrada, transmitir mi entusiasmo, hacer recordar aquel lugar y por supuesto que entren ganas de volver... a mi escribiéndolo también me entraron ganas y es muy posible que este 2015 vuelva.

      Saludos

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Enhorabuena por el post. Me he sentido dentro de la mismísima Brasserie recordando cada en párrafo lo que fue mi visita.

    Tú lo has dicho, un lugar mágico

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    1. jaja había pasado por alto que habías dejado un mensaje... pues sí, por lo menos para mí, un lugar mágico.

      Saludos

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  5. Una de las pocas "decepciones" en cuanto a visitas cerveceras que he tenido (en mi blog lo cuento). La verdad es que me esperaba algo más que un folleto y un "tira por ahí y ya lo ves todo". No esperaba que hiciesen la ola a los turistas (cuatro o cinco despistados que estábamos por allí...), obviamente, pero si no les gusta hacer visitas, es mejor no hacerlas a hacerlo de forma "regulera".
    Es cierto que a mi no me gustan estas cervezas, pero bueno intento ser objetivo con mi experiencia allí, tal vez en un futuro pueda repetir y diga otra cosa, e incluso tal vez hasta me gusten las cervezas jejeje, en nuestro caso, las mías las apuró mi chica, que sin ser una gran aficionada al estilo, sí que se puede tomar alguna de vez en cuando :-)

    Un saludo!

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    1. Hola Adrian, pues no sé de que te quejas, lo que viene siendo habitual en el casi 100% de los elaboradores que se pueden visitar, jeje con la salvedad que en Cantillon si quieres puedes hacer la visita a tu aire.

      A ver, yo este verano solo fui a comprar cerveza y a tomarme una birra, pero se que el tema no ha cambiado por que se lo estaban explicando a una turista al lado. Evidentemente tienen unas horas para visitar la fábrica con guia, es lógico piensa que lo llevan una familia y hay mucho trabajo en la tienda y en el bar, a parte de la elaboración. Así que es normal que concentren las visitas guiadas a unas horas y para un determinado número.

      Pero además te ofrecen el plus de visitar las instalaciones por tu cuenta, cosa que en la mayoría de los sitios no te dejan y yo menos la primera vez siempre he elegido esta opción más interesante, sin prisas... ¿folleto? imaginate que la última vez que hice la visita eran hojas sueltas, jaja

      Mis experiencias allí siempre han sido muy satisfactorias, pero claro cada uno tiene que contar su experiencia según le fue, yo tengo también algún sitio cruzado de esos que todo el mundo dice que maravilloso.

      Si no te gusta la cerveza y no le ves la gracia a unos cuantos barriles de los que sale la espuma a dolor, yo me plantearía no ir... aprovecha que en Bruselas hay otras opciones muy interesantes.

      Saludos

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    2. No, si yo a todo eso le veo la gracia, me gustó el tema de los barriles, los olores y demás, nada me fue desagradable. Soy aficionado a la cerveza, y aunque este estilo no me guste, puedo disfrutar igualmente de la visita.
      En cuanto a la visita, procuré informarme antes, escribí con muchos días de antelación, para saber a lo que atenerme, vamos que no aparecí por allí por sorpresa....
      Está bien que no te metan prisas, pero no me gustó que no me contaran apenas nada y que la persona encargada de hacer la "introducción", por decir algo, porque se limitó a contar de carrerilla el texto que se sabe de memoria, te despache en menos de 5 minutos. Hay mucha historia en esa fábrica, mucho que contar, y no lo hacen (que tampoco digo que lo tengan que hacer, simplemente digo que no lo hacen).
      A cada uno le gustará una forma de ver las cosas, eso está claro, pero aquel día mi chica, si no es por mi, no se entera de nada, y pagó la entrada como todos los demás...
      Tampoco me gusta el cava y he estado en bodegas enormes donde he disfrutado de la visita, porque se molestaron en hacerlo bien, sin prisas, contestando a preguntas (cosa que en Cantillon no hicieron, despachándome con un "lo pone en el folleto", literalmente...), y mostrando los rincones y curiosidades.

      Para mi los detalles son importantes, y aquí les faltaron unos cuantos, lo mismo pillé el día malo, pero fue lo que me tocó vivir, y la verdad, no puedo hablar muy bien de esa visita en concreto :-)

      Un saludo!

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    3. Te entiendo perfectamente, te preocupas de todo y luego llegas allí y te dan un papel, te leen cuatro cosas con desgana y listo. Para mí también son detalles importantes.

      A ver no tengo por que defender la forma de operar de Cantillon, no creo que aparecieras en el día malo, de hecho estoy seguro que tiene que ver con la masificación de visitas, hace unos años la experiencia de visitar Cantillon era totalmente distinta y si encima tenías la suerte que tuve en mi primera visita, pues es algo que no se olvida en la vida, pero ahora son víctimas de su propio éxito.

      Si vas fuera de temporada tampoco te prestan mucha atención por que están muy centrados en temas de elaboración... aunque quizás entonces te puedan explicar algo más y tener un poco más de atención.

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