Mostrando entradas con la etiqueta CERVECERIAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CERVECERIAS. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de junio de 2019

EL RETROGUSTO ES MIO


Sí, Pamplona es una ciudad eminentemente cervecera, una afirmación que ya tenía por cierta desde hace mucho tiempo. Varios buenos productores, movimiento homebrewer, blogueros y un buen puñado de tiendas especializadas y cervecerías con prestigio dentro del panorama cervecero nacional, baste con nombrar Manneken Beer y Napargar.

Dicho lo anterior, entenderéis el problema de elegir un lugar para disfrutar unas pocas horas de estancia en esta ciudad, en la que estaba de paso. Bueno realmente no fue muy difícil, “El Retrogusto Es Mío” tienda-bar de vinos y cervezas artesanales, en los aledaños de Pamplona a unos 10 minutos en coche, en Sarriguren, sería el lugar elegido.


En mi caso los argumentos estaban claros:

Al frente de este pequeño negocio Ana Murillo, con un curriculum muy vinculado al vino y la cerveza y a quién conocí a través de las redes sociales y por supuesto de su blog. Quién junto a Mikel Garrues ha dado vida a este proyecto.

Es un proyecto que he visto nacer y crecer en las redes sociales desde sus comienzos hasta que por fin abrió sus puertas.

Maiku brewing, ya que este local cuenta con su propia cerveza y que hasta esta visita no había tenido ocasión de probar.

Cuando viajas con personas a las que le gusta el vino, es difícil compaginar un local donde tanto vino como cerveza sean tratados con el mismo mimo y dedicación y en este local lo hacen.


LA VISITA

El Retrogusto Es Mío se encuentra en una calle, aparentemente peatonal, paralela a una gran avenida donde nos fue fácil encontrar aparcamiento.

La entrada del establecimiento da una gran imagen de bienvenida, estética cuidada que nos invita a entrar.

Por desgracia, a la hora de la visita tanto Ana como Mikel se afanaban en la preparación de una cata de cervezas y quesos, una pena no haberme enterado antes, hubiera sido un buen plan para nuestra tarde-noche en Pamplona.

A pesar de ello me dio la oportunidad de realizar la visita desde el anonimato inicial, lo que me permitió atender al servicio sin la atención especial que se suele dar a un conocido.

El local es más pequeño de lo que me había imaginado, pero suficiente para tener una zona de mesas, unas estanterías con cervezas y vinos a modo de tienda y una barra por la que optamos ya que en la zona de mesas se ultimaban los detalles de la cata que iba a tener lugar. Desde el comienzo el local me dio buen feeling.



La estética de la zona de barra de inmediato me recordó a Warpigs, la famosa cervecería de Copenhague, quizás por sus azulejos blancos, la pizarra y de más detalles.


La atención del chico que se encontraba en la barra fue más que correcta, mi acompañante optaba por un vino rosado de Navarra y la sorprendente recomendación fue un vino de autor envejecido en barrica, algo muy poco común en un vino de este tipo y que también tuve oportunidad de probar, un acierto. Este tipo de productos definen por si mismos el concepto de local que Ana y Mikel han querido dar a su local.

Yo opté por una de las cervezas locales, una Maiku pale ale, bien elaborada y con todo lo que podemos esperar en el estilo: aroma y amargor suave, extraordinariamente refrescante… muy disfrutable.


Un rápido repaso a las cervezas y vinos que tenían en “la zona de tienda” con una buena y cuidada selección.  De la que lógicamente opté por llevarme la gama de cervezas Maiku.

Por último, no podía irme del local sin saludar a Ana, a quién solamente conocía de las redes sociales y comunidad bloguera, que todavía seguía ocupada en los últimos preparativos, así que pedí al camarero que le avisara. 

Rápido intercambio de saludos y opiniones, indicando lo agusto que nos habíamos sentido en “El Retrogusto es mío”. Una pena no poder terner más tiempo para hablar.



CONCLUSIONES

Sin duda un gran acierto habernos acercado hasta este local. Pequeño pero un lugar donde sentirte muy cómodo mientras saboreas una buena cerveza o vino. Selección de productos cuidados y atención especializada, personalizada y cercana que te podrán recomendar aquello que buscas o algo que te sorprenda… como suele decirse “volveré”.





El Retrogusto Es Mío 

Calle Bardenas Reales 68
Sarriguren (Navarra) 
Web: http://elretrogusto.es

 



viernes, 27 de marzo de 2015

DULLE GRIET

Hace unos días, mientras conversaba con un compañero de afición, que regenta una tienda especializada de cervezas, recordaba mi primera visita a Gante como una de las más reconfortantes cerveceramente hablando y eso que solo me bebí una cerveza, eso sí…. de 1,2 litros!!!

Pues ahí estábamos los dos, tras una insípida visita a la ciudad de Brujas, aparcamos el coche en uno de los parkings subterráneos de Gante situado bajo la plaza Vrijdagmarkt (del mercado de los viernes), el lugar no se eligió al azar.

- Bien, hemos llegado a Gante, saca el plano – decía mientras sacaba una bolsa del maletero con unas chanclas viejas que utilizaba para estar más cómodo en los hoteles

- ¿pero qué haces? ¿no irás por ahí con eso? ¡Vaya pintas, con esos calcetines pareces “un güiri”!!!

Esbocé una sonrisa, todo tenía su explicación, pero de momento no quería desvelar mis intenciones.

Una vez en la superficie nos encontramos ante una bonita plaza, en el centro puede verse una estatua de Jacob Van Artevelde… -  A ti te he visto yo en algún sitio….


Ya eran las 4:30 h. de la tarde ¿para qué esperar más?, así que directos dirigimos nuestros pasos hacia el gran cañón rojo El Dulle Griet del siglo XV, de 5 m. de largo y 16 toneladas de peso.

En la guía turística leo que recibió su nombre de una figura del folclore flamenco… “Rita la loca” que diríamos nosotros. Parece que la tradición viene de una supuesta hija de Carlos V con supuestos poderes “heredados” de bruja y a la que este oculta con una modesta familia burguesa para protegerla.


No me entretengo ni 10 segundos en admirarla, me doy la vuelta y dirijo mis pasos hacia “la Dulle Griet” que más me interesa.

- Ey ¿A dónde vas? Espera!!!

- Vamos a tomar una cerveza

A escasos metros se encuentra el famoso Pub/Cervecería que recibe el mismo nombre, en mi agenda de “Para hacer en Bélgica” pone claramente “Tomar una Max en el Dulle Griet”, así que entro sin pensármelo dos veces.

El lugar es acogedor, más pequeño de lo que me imaginaba, en las fotos parecía más grande… es un lugar donde parece haberse detenido el tiempo siglos atrás y realmente piensas que así debían de ser las tascas en el Flandes de Carlos V. Todo en madera y con multitud de adornos por todas partes.


A uno de los dueños se le atribuye ser heredero lejano de “la loca Meg” (Dulle Griet) y el otro puso el local, que había recibido como herencia. Ahora entendemos que este lugar no podría haberse llamado de otra manera.

Nos acercamos a la barra y sin mirar la carta digo – A Max please!!!

- Shoe off  - contestó rápidamente el camarero con una sonrisa en los labios.

Pero no le iba a ser tan sencillo, y aunque era buen conocedor de la tradición de aquel lugar, quería oírla de primera mano.

- Que me quite la zapatilla ¿por qué?

- Mire es una de nuestras normas, si pides una Max debe dejarnos un zapato en prenda.

- Tranquilo, no me voy a llevar la copa – y acompañé la frase de un guiño mientras me quitaba la vieja chancla.

El camarero esbozó una media sonrisa mientras comento algo como

- Ya venias preparado – pero que seguro que por dentro incluso pudo pensar que le estaba tomando el pelo o algo peor… en fin lo que hay que aguantar con los turistas.


Al parecer los dueños cansados de que les desapareciesen las copas gigantes tipo Kwak, optaron por exigir un zapato en prenda… seguramente no tenían ni idea que este acto se convirtiera en una tradición que les distingue de la gran cantidad de cervecerías que hay en esta ciudad.

Sigo con la mirada mi zapatilla mientras es colocada junto a la de otro cliente en una especie de cesta y es alzada hacia el techo mediante una polea. A mi lado oigo un - Ya me parecía a mi que lo de las chanclas tenía truco.

Sin zapatilla dirijo mis pasos a la mesa más acogedora del local, desde donde puede observarse todo el bar, más pequeño de lo que me imaginaba al ver las fotos. La verdad es que tiene su encanto, a pesar de que es la hora de apertura ya hay bastante gente en el local conversando y bebiendo unas cervezas apaciblemente.


A la vista, para que todo el mundo los lea, se encuentran “Los 10 mandamientos del local”: 1- No se permiten fiestas, ni gritar o chillar, ni malgastar (supongo que cerveza, jaja), dejar la comida en casa, si bebes una “Max” quítate el zapato (bien los sé), se paga solo en efectivo, pagar después de cada ronda, no beber durante las horas de trabajo, la última ronda se sirve a las 12:30 h. de la noche y se cierra media hora más tarde….. me parecen perfectas!!!

Rápidamente detectas a los turistas, las copas de Max les delatan… es una locura pedir esta cerveza cuando tienes para elegir entre más de 260 cervezas, algunas verdaderos tesoros, pero la tradición es la tradición y esta es perfecta para atraer a los turistas.


Suponía que era una Kwak, pero ya el aroma y color delatan que no es así. Aún asi, estaba convencido de ello hasta que la probé…. Ya se sabe que en barril y elaboración reciente las cervezas no saben igual, pero aquello definitivamente no era una Kwak.

Lo cierto es que la Max Van Het Huis es una “Belgian Ale” elaborada por un productor local situado a las afueras de Gantes, De Proef ¿os suena? Si, ese mismo que ahora elabora muchas de las creaciones de Mikkeller.

La cerveza en sí no es ninguna maravilla, de aroma y sabor dulzón dejando un regusto amargo. Diría que  la graduación alcohólica está en torno a 6-7% y aunque su copa de algo más de un litro (1,2 l.) es majestuosa, no me extraña que hubiese gente que se la llevase, cuesta acabarla. Tanto es así, que yo no pude con ella, menos mal que mi acompañante había pedido algo ligerito, previendo algo similar y me pudo ayudar, creo que tampoco le costó mucho.

Una vez cumplida la tradición, el resto de la tarde aprovechamos para hacer la típica ruta turística por la ciudad y bajar un poco el alcohol en sangre antes de volver al hotel. Gantes es una ciudad muy bonita, con una movida importante y plagada de bares llenos de gente y tiendas donde puedes llevarte alguno de los productos típicos de la zona… incluido cerveza, por supuesto.

En cuanto al Dulle Griet, volveré, pero no para tomarme una Max. Está bien para cumplir la tradición, pero nada más. El Dulle Griet es un lugar agradable, con buen ambiente y con un surtido lo suficientemente amplio de cervezas como para hacer las delicias de cualquiera.



Información:

Dirección: Vrijdagmarkt 50, Gantes (Bélgica)

Horarios:  
  • Lunes 4:30 pm.–1:00 am.
  • Martes-Sábado: 12:00 pm.-1:00 am.
  • Domingos: 12:00 pm.-7:30 pm.
Imágenes extraídas de la web www.dedullegriet.be

viernes, 14 de noviembre de 2014

CERVECERIA INTERNACIONAL DE SEVILLA

Suena el teléfono, me disponía  a cenar ¿quién será?

- Diga
- Hola Miguel, ¿sabes quién soy?
Cómo no iba a reconocer su voz, viejo compañero al que hace ya muchos años que no veo.
- Pues nada, que estoy de vacaciones en Sevilla y ¿adivina donde estoy? y además tomando aquella cerveza tan rica que me recomendaste aquel día.

Lo cierto, es que iba a dedicar mi sección mensual de relatos de "Lugares de culto cervecero" a otro lugar muy distante, pero después de esta llamada no puedo menos que dedicar esta entrada a "La Cervecería Internacional de Sevilla", como se suele decir, con cierta nostalgia de tiempos que ya no volverán y que ya quedan alejados en mi memoria.


Por motivos de trabajo me pasé tres años de mi vida de viajes a Sevilla. Como siempre hago cuando voy a una ciudad nueva, me conecto a internet y busco cervecerías donde pasar mis momentos de ocio.

De entre las 4 ó 5 seleccionadas fue la “Cervecería internacional” la que me llamó poderosamente la atención, así que, me acerque de tarde. La cosa estaba tranquila, en la cervecería solo estaban una anciana en una esquina fumando mientras bebía una cerveza y al fondo dos hombres tomándose una cañita comentando sus asuntos.


Tras la barra un hombre con gafas me atendió con amabilidad:

- ¿Qué desea?
- ¿tiene carta de cervezas? – pregunta retórica claro.
- Por supuesto - como diciendo, por quién nos tomas-  aquí la tienes.

Evidentemente ya había visto en su web que poseían una amplia carta de más de 300 cervezas!!! pero me interesaba indagar y echar un vistazo detenido a todo lo que tenían. Me la acercó y estuve mirando unos momentos y por fin me decidí.

-  Quiero esta –señalando en la carta la cerveza de difícil pronunciación.

El hombre puso una cara entre “buena elección sabes de qué va esto” y “has acertado de chiripa y vas a probar algo que no olvidarás en tú vida”. Mientras bebía seguí ahondando en su vasta carta de cervezas, en España no había visto nada similar… impresionante!!!


Pero lo que más me atrajo fueron sus vitrinas llenas de grandes tesoros, dignos de admiración para un coleccionista novel como yo. Estuve mucho tiempo observándolas mientras el hombre me seguía con la mirada. En la esquina la anciana seguía a lo suyo plácidamente y los hombres ya se habían marchado.

Finalmente, mientras observaba unas botellas, me hizo una indicación sobre lo que estaba observando, yo respondí algo así como, tengo otra igual en casa. El hombre hizo un movimiento de confirmación con la cabeza y fue el comienzo de una entretenida conversación cervecera.


Esa misma noche a altas horas de la madrugada volví a la cervecería. ¡¡¡que contraste tan absoluto!!!, la cervecería estaba a rebosar, diría que españoles y extranjeros se repartían a partes iguales… lo de internacional le venía ni que pintado. La cervecería estaba llena de jóvenes que hablaban múltiples idiomas pero un lenguaje universal en ese momento, el de la cerveza.

Tras la barra ya no estaba el hombre de gafas, había dos chicos y una chica, uno de ellos, rápidamente me preguntó que quería, ahora era el momento de otra maravillosa cerveza de su magnífico repertorio. Sin mirar la carta se me ocurrió algo "distinto". El chico sin poner cara de extrañeza empezó a buscar y tras un rato volvió con la cerveza.

- Perdona no es una cerveza que nos pidan habitualmente y tenía duda si nos quedaba alguna en los frigoríficos, pero sí, aquí está.

Era un ambiente festivo, me senté en aquella esquina de la anciana y disfruté observando como la gente se divertía. Algunos embriagados por unas cervezas con más graduación de la que sus cuerpos podían soportar sin comprometer su equilibrio, cada vez más precario. Otros conversando amistosamente y otros disfrutando entre la multitud de las cervezas más selectas.

Cada día en Sevilla volvía a aquel lugar, que me tenía cautivado, tarde y noche.  Había tardes que por allí pululaban grandes eruditos es esto de la cerveza o eso me parecía a mí. Tomaban un sorbo y contaban sus impresiones a sus amigos que observaban con la boca abierta… ¿cómo puede haber tantos matices en una cerveza? Yo no muy puesto en temas de la cata les escuchaba atentamente.


Otros días una fiesta de cumpleaños y abrían una de esas botellas enormes de 9 litros!!!, alguien del bar siempre estaba atento para inmortalizar el momento. Otras veces eran algunos tunos despistados o no y por las noches siempre fiesta y diversión. Pero lo mejor eran esos días que se acercaban unos músicos de música celta y me recordaban a mi tierra natal, esos momentos eran especiales.


Tras tres años acabaron mis visitas por motivos de trabajo y no volví a Sevilla, y este lugar quedó en mi memoria como uno de mis lugares cerveceros favoritos. A veces cuando estoy en otras cervecerías y tomo ciertas cervezas cierro los ojos y me traslado a aquel lugar donde las descubrí por primera vez….la Cervecería Internacional, por supuesto.



Para más información sobre “La cervecería internacional”:
Dirección: Calle Gamazo 3 (41001) Sevilla – España.
Teléfono: 954 21 17 17

Nota: Todas las imágenes de está entrada han sido extraídas de la web de la Cervecería Internacional de Sevilla, a quienes quería agradecer los grandes momentos vividos en su cervecería. Gracias!!!