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viernes, 16 de diciembre de 2016

CULTURA CERVECERA BELGA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Estaba anunciado, en esa vorágine, no sé si negocio, en la que se encuentra inmersa la UNESCO de declarar toda manifestación humana de carácter singular y excepcional, como herencia común de la humanidad.

Tarde o temprano le tenía que tocar a la cultura cervecera belga, y digo tarde o temprano por que dado el gran número de organizaciones y entes públicos y no públicos que existen en ese país relacionados con el mundo de la cerveza, en algún momento alguna de ellas o el mismo Estado tenía que proponerlo.

El objetivo de la UNESCO es catalogar, preservar y dar a conocer manifestaciones humanas de carácter excepcional y sin duda la pasión que los belgas sienten por su cerveza, la beban o no, es encomiable. Solo hace falta hablar con cualquiera de ellos sobre el tema, se sienten orgullosos de sus cervezas y la cerveza forma parte de su cultura… lo ha sido desde hace siglos.


La historia de la cerveza belga está repleta de hitos que nos llevan desde la edad media hasta nuestros días, cientos de estilos, muchos de ellos singulares y exclusivos… en realidad sería bastante tedioso enumerar todo ello, pero es lo que ha llevado a que la cultura de la cerveza esté firmemente enraizada en el pueblo belga.

Para mí era muy enriquecedor pasear por las calles de cualquier ciudad o pueblo belga y asistir a manifestaciones auténticas de esa unión entre cerveza y las gentes de ese país. La gente bebiendo sus especialidades locales, la animación de los bares y cervecerías, aquellos ancianos degustando plácidamente cervezas en el bar de la abadía… los museos, las fiestas, las fábricas…. Como se suele decir “lo llevan en los genes”.


Pero como todo, esta cultura tiene sus amenazas y oportunidades. En un mundo cambiante la cultura cervecera belga siempre ha resistido todos los envites, hace unos años el movimiento craft proveniente de los Estados Unidos parecía que se lo iba a comer todo y sin embargo ahí resurgen de nuevo las cervezas belgas adaptándose y satisfaciendo desde el paladar menos experto al más experimentado y exigente.

Es una tendencia global, pero también empiezo a echar de menos en mis viajes a Bélgica ese trato personal, casi familiar que existía con los cerveceros cuando visitabas sus instalaciones, lo que antes era una experiencia única ahora se ha convertido en una visita compartida con otros 20 turistas y por supuesto pagando… la cerveza está de moda y hay que sacar provecho.

Aquellos pequeños pueblos donde antaño los lugareños hablaban o celebraban con una copa de cerveza en alto y donde tú eras la nota discordante han dado un vuelco, ya no hay lugareños solo turistas locos por beber esa cerveza que han visto en ratebeer y por la que están dispuestos a pagar cantidades de dinero desorbitado….

Igualmente la pequeña y humilde cervecería situada en la abadía se ha convertido en un lugar de decoración moderna, los monjes que servían sus cervezas han sido sustituidos por jóvenes que pudieran haber salido de un casting, los ancianos bebiendo plácidamente su cerveza trapista han sido desplazados por el bullicio de unos turistas, a veces poco respetuosos con el lugar donde se encuentran…


Pudiera parecer que la cultura cervecera se encuentra a un paso de “morir de éxito” ahora que obtienen el reconocimiento por parte de la UNESCO, pero por suerte bajo esta piel exterior adaptada al turista sigue habiendo cultura cervecera por las venas del pueblo belga, os invito a visitar alguna de sus fiesta, eventos y celebraciones donde no es fácil encontrar turistas, descubriréis que es cierto que la cultura cervecera está ahí y que perdurará a pesar nuestra.

Yo personalmente celebro este reconocimiento, soy un amante de la cerveza belga, visito el país desde hace muchos años y siento aprecio y muchas afinidades con el pueblo belga, del que quedé prendado desde mi primera visita. Enhorabuena!!! 


lunes, 21 de noviembre de 2016

CATA DE CERVEZAS BELGAS ENVEJECIDAS

De nuevo, Miguel y Abel del “Señor Lúpulo. Despacho de Cervezas” me ofrecieron la oportunidad de dirigir una cata en su establecimiento, esta vez con una selección de cervezas cuyo hilo conductor era el envejecimiento, como comprenderéis no pode negarme.

He de reconocer que dirigir una cata de cervezas envejecidas genera cierta incertidumbre, desconocer cómo han sido envejecidas o si en algún momento han podido sufrir algún traspiés en su envejecimiento.

Entre los asistente caras conocidas y grandes aficionados al mundo de la cerveza, que ya había conocido de la cata celebrada en marzo. Además, destacar la presencia de Olivier Lecerf cervecero artesano que en poco tiempo sacará sus cervezas al mercado bajo en nombre de “Berrea”.


La selección de cervezas envejecidas, espectacular y una ocasión única para saborear brebajes muy difíciles de conseguir y que paso a detallar:


WESTVLETEREN BLOND (2008)

Es el típico ejemplo de cerveza que no se me ocurriría envejecer por nada del mundo, en principio ningún argumento que la hiciera candidata a llevar más allá de uno o dos años de guarda. Y sin embargo estábamos ante una cerveza que había pasado 8 años en la botella!!! Expectación máxima.

Lo primero que se podía apreciar era la ausencia de esa espuma cremosa que tiene esta cerveza fresca. Ausencia de carbonatación y una apariencia menos nebulosa de lo esperado. El aroma sutil, con leves notas afrutadas, para nada desagradable. Al probarla la sensación en boca era totalmente acuosa sin nada de cuerpo, en el sabor predominaba la miel por encima de cualquier otro matiz. Sorprendentemente agradable de beber, aunque poco o nada que ver con la cerveza original. Aun confirmando que no es una cerveza para envejecer, he de reconocer que el resultado fue mejor de lo esperado.


TILQUIN GUEUZE (2011)

La segunda del día fue una Tilquin gueuze 2011, cerveza excelente ya de por sí y teniendo en cuenta lo bien que envejecen las gueuze sabía que iba a estar muy buena. Solo hacía unos meses que había probado la Tilquin gueuze de 2015 y tenía bastante reciente mis impresiones.

Los buenos presagios que hice de esta cerveza se confirmaron desde el primer momento. Visualmente la única diferencia respecto a la misma cerveza sin envejecer era una espuma menos prominente. El aroma, si cabe, más redondeado, afrutado pero mejor equilibrio entre las notas afrutadas, herbales y a madera. El sabor me sorprendió gratamente, los matices ácidos a manzana muy pulidos y perfectamente entremezclados con notas herbales. Era más evidente el amargor, debido sin duda a que el tiempo había suavizado el resto de matices. Muy complejo y de equilibrio perfecto.

Esta es una de las razones por las cuales muchos dejamos envejecer cervezas durante años. Claro ejemplo de cerveza que ha mejorado con el paso del tiempo.


ORVAL (2013)

Otra de las clásicas cervezas que se dejan envejecer. Una cerveza que gracias a los bretts en botella sigue evolucionando dando lugar a una cerveza con perfil muy distinto al original. Aunque aclaré que por mi propia experiencia nunca la dejaría envejecer más de 3 años, ya que los resultados no suelen ser tan buenos. Así que se podía decir que estábamos en el punto óptimo.

Su apariencia excelente, al abrirla se notó que mantenía un buen nivel de carbonatación y generó una buena capa de espuma al derramarla en la copa. Su color dorado, pero algo más oscuro que el original. El aroma algo apagado con alguna nota “a corral” y alguna nota afrutada perdida, pero sin mucha gracia. Se confirmó a la hora de llevarla a la boca, estábamos ante una cerveza totalmente distinta, tenía alguna nota afrutada y floral... era agradable pero demasiado apagada en mi opinión. Mantenía una buena sensación en boca y un regusto muy seco.

Personalmente nunca me había encontrado una Orval con este perfil, que aunque era perfectamente bebible y no había generado ningún sabor fuerte desagradable, no levantó demasiadas pasiones entre los asistentes, ni en mí. Aunque hubo quién la prefirió a su versión sin envejecer.


QANTELLAR OAK AGED

Fue la nota negativa de la cata, una cerveza que había probado y comentado en este blog en el mes de octubre, con buenas impresiones, a pesar de ser poco equilibrada, pero como dije entonces “nada que el tiempo no pudiera pulir”.

Me empezó a generar dudas cuando se abrió y esa gran espuma con buena permanencia se desvaneció casi al instante. Tanto en el aroma como en el sabor se habían disparado las notas ácidas hasta niveles poco agradables. Comparando entre las copas que tenían distintos asistentes el perfil de la cerveza era totalmente distinto. Sin mucha más dilación alguno de los asistentes concluyó “infected!!!” y no dudamos en pasar a la siguiente.

Analizando un poco el estado de la cera que recubría la chapa resquebrajado también me aventuro a pensar que la cerveza hipercarbonatada terminó por abrirse al exterior y el aire termino por desbaratar alguna/s botellas. Una verdadera lástima.


PANNEPOT (2007)

Empezaba uno de los platos fuertes de la cata, ya de por sí considerada una de las mejores cervezas belgas y con bastantes entusiastas entre los asistentes a la cata. Hace unas semanas había probado la elaborada este año, así que me encontraba en disposición de analizar convenientemente las diferencias.

Al derramarla en la copa nada nuevo, oscura con algún destello rojizo, poca carbonatación y espuma. El aroma ya presagiaba que aquella cerveza se había convertido en un verdadero oporto. Cuando la probamos confirmamos los mejores presagios: afrutada, con ciruelas y uvas pasas, alguna nota a chocolate al fondo y unas notas a vainilla, como a roble, que me hicieron jurar y perjurar que aquella cerveza había estado envejecida en barrica. En boca era avinada, suave con un toque licoroso.

Excelente!!! Colmó la satisfacción de la mayoría de asistentes y casi al instante se encumbró como la mejor cerveza de la cata. Era la mismísima versión de un buen vino de Oporto. Confirmamos que es una inmejorable opción para envejecer.


WESTVLETEREN 8 (2008)

Sin duda el plato fuerte de la jornada. Pocas oportunidades tendremos de beber una Westvleteren 8 y encima con 8 años de guarda. Como comentaba, ya solo por poder beber esta cerveza merecía la pena asistir a esta cata, independientemente del resultado de los años de envejecimiento.

Sin más espuma que un anillo pegado a las paredes de la copa y un color amarronado parecía una cerveza sin mucha gracia. Pero al acercarla a la nariz ya pude disfrutar de magnificas notas a fruta madura. En el sabor también predominaba una mezcla de fruta madura y uvas pasas. En el fondo algo de amargor y alguna nota ácida, un perfil muy agradable en mi opinión, pero no muy complejo. En boca el perfil era menos avinado que en el caso de la Pannepot.

Los resultados me parecieron muy interesantes ya que es una cerveza que yo nunca había conseguido envejecer más allá de los 5 años y que calificaba casi de “indestructible”. Parece como si hubiera evolucionado más en estos 3 años dando lugar a unos buenos resultados, como ya presagiábamos inicialmente. Pero no sabría decir si preferiría esta, a una sin envejecer y dificilmente a algunas de las experiencias de envejecimiento de Westvleteren 8 que he tenido con 3-5 años, realmente magnificas.



BONUS TRACK

Para concluir la cata, la gente de “El Señor Lúpulo” nos sorprendieron con una Rodenbach Vintage 2011. Como siempre un valor seguro, una cerveza muy disfrutable, que puso un colofón a la altura del evento.


CONCLUSIONES

A pesar de algún punto oscuro, pasamos una buena sesión donde las cervezas fueron las protagonistas. Cervezas envejecidas, un hándicap para muchos que se acercan a este mundo por primera vez, pero que algunos disfrutamos plenamente. 

A grandes rasgos, las triunfadoras fueron la Tilquin y Pannepot, buen resultado para esa Westvleteren 8 y una Orval que me dejó indiferente. Evidentemente confirmamos que la Westvletren blond no es una cerveza para envejecer y el fiasco de la Qantelaar Oak Aged.

Por cierto, el queso con el que maridamos la sesión estaba buenísimo.

Un privilegio haber participado en esta excepcional cata y solo me queda agradecer a Miguel y Abel de “Señor Lúpulo. Despacho de Cervezas” que organicen eventos como este y que me hayan invitado. Gracias!!!


jueves, 10 de marzo de 2016

HISTORIA DE UNA CATA

- “Hola, estábamos pensando en organizar una cata de cervezas belgas… Habíamos pensado en ti para dirigirla ¿Cómo ves la idea?”
- “Pues es una idea tentadora” – Respondí al momento.

La persona que me hacía semejante proposición era Miguel, que junto a Abel regentan “Señor Lúpulo.Despacho de cervezas”, uno de esos lugares cerveceros de los que no me cabe la menor duda que si estuviera en Madrid o Barcelona estaríamos hablando de un lugar cervecero de referencia. Al frente dos grandes conocedores y aficionados del mundo de la cerveza y que conocía desde un día que me dejé caer por allí.

En realidad, no podía negarme, aunque haciendo memoria desde el 2008-09 no me metía en una de estas, pero “me lo pedía el cuerpo”. Solo faltaba fecha y elegir las cervezas, el tema se retrasó unos meses hasta el pasado 5 de marzo y de la selección de cervezas, que voy a decir, a parte de tocar varios estilos puramente belgas, me pareció impresionante (Blanche de Namur, Cuvée Rene, Orval, Rochefort 6, Oerbier Reserva y Prearis Quadrupel).


Las plazas se agotaron en un visto y no visto, por un lado, me alegraba porque siempre que organizas un evento de estos está la duda de si vas a cubrir las plazas o no. Significaba también que iba a tener personas interesadas y en realidad no me sorprendía del todo. En los últimos tiempos hemos asistido a como los estilos belgas vuelven a reclamar ese espacio que realmente se merecen.

Por otro lado, sabía que este tipo de eventos, con un título tan genérico, puede ser un arma de doble filo, personas con conocimientos y expectativas muy dispares. 

Así que a la hora de preparar el evento nunca perdí de vista los objetivos que no eran otros que:

1 – Disfrutar de buenas cervezas (estaba asegurado con la selección)
2 – Divertirnos (entiendo que desde un punto de vista amateur debe ser la premisa fundamental).
3 – Que todos aprendiéramos algo (en un mundo donde tenemos toda la información que queramos a un click de ratón, es cada día más difícil).
4 – A título personal, tratar de transmitir toda la pasión que siento por las cervezas belgas.


Para todo ello utilicé la misma filosofía que rige este blog, siempre tratando de dar un toque personal, lleno de experiencias y sentimientos. Así que, sin más guion que el que marcaban las cervezas, allí me presenté con la garganta y nariz un poco tocadas, ya que dos días antes había pillado un catarrazo de cuidado, lo cual presumiblemente me iba a limitar bastante a la hora de captar y saborear los matices de las cervezas.

Poco antes del evento pincharon el barril de Préaris Quadrupel, la única cerveza del evento que no había probado previamente, así que me apresuré a hacer una cata rápida para tratar de definir las características relevantes y no ir a ciegas a la cata.

Llegan los asistentes y empezamos la cata. Siempre me ha gustado aprovechar la presentación para lanzar una pregunta a los participantes, el objetivo claro, identificar sus motivaciones y calibrar el nivel de los asistentes.


Son comedidos, en las respuestas, como con miedo a decir algo erróneo, pero por el contrario se revelan como un grupo que, aunque muy dispar les une el gusto por las cervezas belgas… ¡que más se puede pedir!

Siguiendo el orden lógico, comenzamos por la cerveza más suave, Blanche de Namur una Witbier, ese estilo suave y delicado casi la antítesis de los estilos de moda. La acerco a mi nariz, tomo un sorbo y… efectivamente no aprecio ningún matiz, ni sabor… ¡¡¡maldito catarro!!!

Y se van sucediendo las distintas cervezas en un tono informal. De cada cerveza voy dando pinceladas de su estilo, elaboración, historia… Pierre Celis, Rene Lindemans, las peculiaridades que hacen a la Orval una cerveza única, las cervezas de abadía…

Los asistentes, van aportando sus percepciones, surgen muchas e interesantes preguntas y yo trato de que cada uno consiga eso que esperaba de esta cata. Es difícil en un grupo de 20 personas y se suceden momento de todo tipo, más distendidos, que rozan el caos, con momentos de gran interés por parte de todos, lo que me va dando una idea de cuáles son los aspectos que resultan más interesantes para el grupo.

Y mientras tanto mis papilas olfativas y gustativas siguen aletargadas, paso por cuvée Lindemans casi sin darme cuenta, de una cerveza tan especial como la Orval únicamente capto unos leves matices cítricos y especiados, mi querida Rochefort 6 me pasa desapercibida.

Y llega el que yo creo que fue el gran descubrimiento para casi todos los asistentes, Oerbier Reseva. Recuerdo otro tiempo cuando para conseguir esta cerveza tenías que visitar las instalaciones de De Dolle. Una cerveza majestuosa que no pasa desapercibida, introduzco un poco los estilos de Flandes y sus exponentes representados en Rodenbach y Liefmans para dar un salto rápidamente a lo surrealista que puede ser una visita a las instalaciones de De Dolle con la imagen desenfadada de los miembros de esta cervecería… tiro de anecdotario de mis tres visitas a estos “cerveceros locos”… Kris, la abuela, etc. Pero que nadie se confunda, esta gente haciendo cerveza no tienen ni un pelo de locos.

Terminamos con la Préaris Quadrupel, de la que hago una breve introducción al estilo y presento a esta cerveza como mejor cerveza artesana belga de 2011. Sin pararme mucho pego un nuevo salto en el guion, quiero dedicar el final de la cata a contestar a esa pregunta con la que comenzaría cualquier cata de este estilo, pero que yo he dejado para el final “¿Por qué Bélgica?”. No puedo terminar una cata de cervezas belgas sin dejar de mencionar a Michael Jackson y hago un alegato a su gran labor para descubrirnos las cervezas de este país.

La cata ha terminado, los asistente rompen en un aplauso, que agradezco enormemente…  pero ¿la cata ha terminado? No!!!!! Miguel y Abel nos han reservado una sorpresa final de cata y abren una botella de 1,5 L de Chimay Cinq Cent (la blanca). Extraordinaria tripel que aprovechamos todos para seguir hablando de cerveza.


Miro el reloj, nos hemos pasado en más de una hora el tiempo que tenía previsto para la exposición, el tiempo ha volado, buena muestra de lo entretenidos que estábamos hablando y disfrutando de las buenas cervezas belgas que saboreamos durante la mañana, unos más que otros (debido a mi catarro).

Para finalizar quiero agradecer nuevamente a Miguel y Abel,  de Señor Lúpulo, y a todos los asistentes a la cata, la oportunidad que me han dado de contar batallitas y hablar de una de mis grandes pasiones como son las cervezas belgas. 

Gracias!!!


jueves, 17 de septiembre de 2015

#MBC15: MI BEERANO CERVECERO 2015

Miro por la ventana, está lloviendo, “Me encanta el Otoño….ja!!!”. Una sensación tan agria como esas deliciosas sour de las que disfruté este beerano oprimen mi garganta, ahora síntoma evidente de la depresión postvacacional en la que estoy inmerso.

Me siento ante el ordenador, desde el blog cervecero Lupuloadicto nos han invitado a que escribamos unas palabras sobre nuestro verano cervecero (Enlace) o como reza la convocatoria sobre nuestro “Beerano”, vuelvo a mirar por la ventana “¡¡¡mierda de día!!!”.

Comienzo mi narración a finales de Junio, acabo de llegar de un verdadero viaje cervecero, la vida te da sorpresas, viaje sorpresa organizado unos días antes de partir… pero pasamos página, eso ya pasó, ha llegado el verano y hay que mirar hacia adelante.


Julio transcurre sin sobresaltos, "las bicicletas son para el verano", así que desempolvo la mía y comparto rutas con los viejos compañeros de afición, tras cada ruta “¡¡¡Abadía!!!” como grita siempre uno de los compañeros o lo que es lo mismo contar batallitas delante de una inmensa jarra helada de cerveza casi congelada… algún purista cervecero se retorcería de dolor ante tal combinación, pero después de los esfuerzos del pedaleo es una auténtica bendición… Si la ruta lo permite, paramos en ese bar donde siempre tienen las Orval dispuestas cuando nos ven entrar por la puerta.


Y llega Agosto, y los amigos hemos organizado un viaje en grupo, la vida no me permite viajar demasiado y desde hace muchos años llevaba con el sueño de volver a pisar suelo bretón. Bretaña es uno de esos lugares que me cautivan, sus paisajes, sus lugares mágicos y…en efecto, sus cervezas. Así que, aunque el viaje sitúa su objetivo en Bélgica obligo al grupo a hacer escala en Bretaña.

El viaje no es cervecero, de hecho a varios miembros de la expedición no les gusta la cerveza, pero a ver quién se va a creer que estando yo por ahí no los llevaré camino de la perdición. He llenado mi agenda de lugares y una lista inabarcable de cervezas.

Mis dotes manipuladoras comienzan en el bonito pueblo de Locronan, “Anda, una tienda de productos regionales, entremos seguro que tienen cosas ricas” el cartel indica “Au Loup Garou Gourmand” y una pizarra en la puerta añade “productos regionales bretones”… pero muchos bien sabemos que ese lugar es más conocido como “La maison des 100 bières bretones”….jaja han caído en la trampa.


También es muy recurrido el truco de “Tengo sed, anda si tenemos al lado este local, entremos a beber algo”… que casualidad, pedazo de cervecería excelente calificación en las webs de rating cervecero. Les descubro el mundo de las cervezas tradicionales bretonas, nunca habían probado una cerveza elaborada con agua marina, ni cervezas a base de flores… para mi amigo amante del whisky una Philomenn Tourbe que hace sus delicias. Yo me decanto por una Blaz An Amzer Nº3, que no es fácil de encontrar, fuerte, vigorosa y alcohólica triple, embriagadora como pocas.

Abandonamos Bretaña, pero antes les vuelvo a engañar y les llevo hasta Esquelbecq donde vive uno de los mejores cerveceros franceses, Daniel Thiriez… una pena que a esas horas tenga la cervecería cerrada, pero ha merecido la pena, salgo con una bolsa llena de maravillosas cervezas.


Brujas nunca ha sido de mi devoción, así que me escapo del grupo para pulular por las buenas tiendas y lugares cerveceros que hay en la ciudad: Visita a De Halve Maan para tomarme una cerveza, unas vueltas por la laberíntica tienda de 2be y la machada de entrar a la tienda de Struise y salir cargado de cervezas y ninguna de ellos, jaja.


Bruselas es una ciudad magnífica para beber cerveza, todo sigue su cauce habitual: visita a lugares emblemáticos y unas cervezas para reponer fuerzas… tomar una cerveza en “Mort Subite” puede parecer pasao de moda, pero es maravilloso. Visita a la tienda del libanés, esta vez no le había avisado de mi visita y no me había conseguido ninguna delicia. Una escapada a la “Delirium” y una discusión con un tendero que me quiere vender una Tilquin al doble de su valor… y a todo esto “Delices et Caprices” cerrado, gran desilusión.


Al día siguiente nos sorprende una banda de música y un jolgorio inusual, camino de la Grand Place una procesión de gente disfrazada, con banderas, gigantes y cabezudos y… ¿un árbol? Preguntamos a la gente que se agolpa en las aceras y uno nos comenta “Es el Meyboom”… un compañero saca la tablet y busca “Patrimonio inmaterial de la humanidad, fiesta que rememora la victoria de Bruselas sobre Lovaina, si no plantan el Meyboom (árbol) antes de las 5 de la tarde la fiesta pasa a celebrarse en Lovaina”.

Seguimos al cortejo hasta el lugar donde debe ser plantado, con la curiosidad de si lo conseguirán o no, dicen que un año la gente de Lovaina robó el árbol. Y una vez plantado comienza la música y la cerveza empieza a correr por doquier y sobre todo por las venas. La cerveza oficial de las  fiestas una Saison de De La Senne que hace nuestras delicias, nos mezclamos entre la gente y disfrutamos de la fiesta mientras el  cuerpo aguanta.


Al día siguiente toca día tranquilo, así que los llevo a Cantillon. Ahí mis compañeros de viaje se empiezan a descolocar “¿Esto es cerveza? Qué rica está, me recuerda a la sidra asturiana”, Cantillon ha obrado el milagro de la conversión… “¿no decíais que no os gustaba la cerveza?" Salimos con las bolsas cargadas de sus fantásticas Lambics y Gueuzes.

Hoy es el día de regreso, pero aviso que tenemos que desviarnos, les llevo hasta Vleteren entro en las instalaciones de Struise, el chico de la tienda de Brujas me reconoce, esta vez sí vengo a por vuestras cervezas… pero este no es el motivo de este desvío. Pido a mis compañeros que me sigan, ocultando el verdadero propósito, cruzamos los descampados y llegamos a una construcción monástica, al fondo paro el coche y entablo conversación con un monje, desde lo lejos mis compañeros miran con perplejidad, finalmente el monje me entrega una caja de madera llena de botellas, este era el verdadero motivo de este viaje, una vez más tengo en mis manos el elixir divino.


El viaje llega a su fin regresamos con las amortiguaciones de los coches sufriendo por el peso de las cervezas que nos traemos, muchas de ellas directas para mi “baúl de las cervezas”.

Me paso el resto del mes de Agosto ordenando fotos, cervezas… y entre tanto sigo aprovechando los días soleados para salir a dar una vuelta en bici con los amigos y de nuevo “Abadía!!!”.

Miro por la ventana de nuevo, sigue lloviendo, este relato de mi beerano se ha acabado… sigo sintiendo ese sabor agrio en la garganta, creo que me voy a tomar una "Duchesse de Bourgogne" así camuflaré esta nostalgia que me invade….“Me encanta el Otoño”