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sábado, 25 de marzo de 2017

CERVEZA CON SABOR A…


- Por fin!!! Una cerveza de verdad!!!
- ¿de verdad? ¿no te entiendo?
- Sí, una cerveza que sabe a cerveza. Últimamente las cervezas parecen pizzas, llevan de taodo, pero no saben a cerveza.

Estas palabras dichas por alguien a quién le gusta la cerveza, pero ajeno al mundo cervecero y a sus modas, dan pie a una reflexión. Ciertamente, no es algo nuevo que a la cerveza se le añadan ingredientes para darle nuevos matices y sabores.

Ya en los albores de la historia de la cerveza se les añadió de todo: hierbas, especias, flores, etc para compensar el extremo dulzor de la malta. Hasta que llegó el lúpulo y se convirtió de pleno derecho en un ingrediente indispensable de la cerveza.

Otros ingredientes, sin ser indispensables dentro de la receta de esta bebida se han incrustado en nuestro ideario y definen a las cervezas de determinados estilos, por ejemplo, ¿que serían algunas lambic sin sus versiones de frutas?

Pero a partir de aquí entramos en terreno peligroso, bien es sabido la adición de café para potenciar los matices torrefactos de la  malta tostada en las stouts, caramelo en algunos estilos belgas, de frutas en las India Pale Ales para lograr ese punch tropical o de licores destilados para darle a la cerveza un perfil más alcohólico…. Ya no digamos verdaderas aberraciones como cerveza con sabor a pizza, a jamón ibérico, etc.

Pero ¿dónde está el límite? Reconozco que alguna de mis cervezas favoritas son lo que son gracias a unas cantidades ingentes de algún ingrediente que poco o nada tiene que ver con la elaboración de cerveza.

¿Es lícito? Puede que simplemente se trate de lograr nuevos sabores distintos a los convencionales, quizás matices que no se podrían alcanzar con los ingredientes tradicionales… eso es evolución del producto. Pero en el peor de los casos pueden tratar de enmascarar una elaboración mundana mediante la adición de ingredientes que desvían nuestra atención de la cerveza.

Es cierto, está de moda, siempre echo un vistazo en las redes sociales, los foros cerveceros y al leer frases de “un verdadero zumo de frutas” o “grandísimo expreso” o comprobar las valoraciones tan positivas que se hacen en las webs de ratings de determinadas cervezas no sé si reír o llorar.

La pregunta es ¿esto es bueno para la cerveza? Quiero decir, ¿empezamos a valorar la cerveza por otros ingredientes añadidos y no por la cerveza en sí?

¿Qué nos pasa? ¿nuestra cultura cervecera ha caído a niveles tan básicos o los aficionados a la cerveza nos hemos convertidos en unos autómatas en manos de no sé qué intereses que alabamos todo aquello que lleva por nombre cerveza?

Reconozco que no estoy libre de culpa, por eso este post lleva implícito una buena carga de autocrítica, muchas veces he dicho esas mismas frases y me he visto embaucado por elaboraciones que llevaban más fruta que los zumos que tomo por la mañana, pero aun así voy a tirar la piedra: “No me gusta y creo que es una traición a las buenas artes cerveceras”.

En cierto modo, esto enlaza con una conversación que tuve hace poco por las redes sociales, una persona con muy buen criterio decía “yo prefiero tomarme un café, un zumo o un oporto antes a una cerveza que contenga esos mismos sabores”.

Llamarme anticuado, purista o lo que queráis, en realidad no me importa, pero a mí me gusta que los sabores tostados, torrefactos, a chocolate y café provengan de la utilización de maltas tostadas. Los sabores tropicales, florales y herbales de la variedad del lúpulo utilizado. Los sabores afrutados de la levadura o del lúpulo y que si se añade “algo más” sea únicamente para dar un ligero matiz o redondear la receta, pero creo que ningún caso ser el eje central o el protagonista absoluto de la cerveza.

Y sí, yo personalmente, también prefiero beber un zumo de mango a una cerveza con cantidades ingentes de esta fruta, un buen café a una cerveza con kilos de este ingrediente y un excelente whisky a una cerveza a la que se han añadido litros de un mal representante de este destilado.


miércoles, 1 de octubre de 2014

UNA DE INGREDIENTES

Casi de carrerilla como si de una lección bien aprendida se tratase diría que los ingredientes de la cerveza son: grano, malta, levadura, agua y por supuesto, lúpulo.

Pero lo cierto es que no es tan fácil y hay productores en llevar todo esto un punto más allá sustituyendo e incluyendo todos los ingredientes que os podáis imaginar.

Pero, para empezar seamos un poco tradicionales y luego ya iremos complicando la fórmula del brebaje.


Grano:

En su sentido más amplio, luego que tipo o tipos de granos se van a emplear depende del tipo de cerveza.
Fundamentalmente la Cebada en todas sus variedades, cada una dando su toque particular.

El maíz también es utilizado, aunque produce menos cuerpo en la cerveza. En este caso el maíz no se maltea, sino que se cuece.

El arroz, produce un gusto más seco y limpio y es utilizado en algunas variedades de cerveza.

La avena, sobre todo se utiliza en la cerveza negra.

El trigo, se utiliza en muchas cervezas alemanas (trigo malteado) o en las lambic (trigo sin maltear).



Malta:

El grano tiene que germinar y es aquí donde la malta entra en acción. Sobre los tipos de malta utilizados podríamos escribir un libro y es decisivo en el color y sabor final de la cerveza.


Azúcar:

Ya que el proceso de fermentación se potencia mediante azúcar... bueno, no siempre, pero si habitualmente.
Aquí de nuevo nos encontramos con muchos tipos de azucares, aunque no todos se transforman por la fermentación, por eso la elección de que azucares  también es fundamental para conseguir más cuerpo que alcohol en la cerveza.

En ocasiones  El azúcar también es añadido durante el embotellamiento, para crear una segunda fermentación en botella.


Lúpulo:

Nadie sabe como un día se les ocurrió emplear las flores de lúpulo en la cerveza, pero dio con la quiz de la cuestión.

Antes del lúpulo se sabe que los cerveceros añadían hierbas, especias y flores, hasta que seguramente un día le tocó el turno a la flor del lúpulo y “voilà que dicen en Francia!!!”

El lúpulo proporciona el amargor, sabor y aromas a la cerveza, casi nada. Hay una infinidad de lúpulos distintos, por suerte para los avezados fabricantes que experimentan con este ingrediente.

Se podrían escribir libros y libros sobre él, a ver si un día me documento bien y publico una entrada sobre el tema.



Levadura:

Realmente no es un ingrediente de la mayoría de las cervezas. Transforma el azúcar en alcohol y dióxido de carbono. Todavía hoy muchos productores confían para la fermentación en la levadura que aparece que forma natural…véase las lambic.

Louis pasteur con sus investigaciones tuvo mucho que ver en la comprensión  y cultivos de levadura y así controlar mejor el proceso.

Siglos antes monjes alemanes descubrieron que a temperaturas bajas varios tipos de levaduras funcionaban mejor y fue uno de los grandes hitos en la historia de la elaboración de la cerveza.



Agua:

Pues sí, entre el 80%-95% de la cerveza es agua y aunque parezca mentira aquí también muchos fabricantes experimentan, que si el agua del río, del manantial, de la fuente, del grifo…incluso del mar o de un iceberg. Determinan el carácter de la cerveza y tampoco debe menospreciarse.


Otros:

Aquí llega el peligro, por si los cerveceros no tuvieran poco para experimentar con los ingredientes anteriores el caso es que a la cerveza se le puede “echar” de todo… y cuando digo de todo, es de todo.
Aquí incluimos los considerados como aditivos (jarabes y extractos de malta para sustituir a la cebada malteada, por ejemplo).

Otros como potenciadores de sabor: miel, mezclas de hierbas, especias, piel de naranja o limón…la lista es infinita.

Y es en este último apartado donde también podemos encontrar las excentricidades, que muchas veces convierten a la cerveza en única o en un brebaje imbebible. Hace poco leí una entrada de un blog que incluía las cervezas más raras, pues bien, añado ingredientes: Chile, leche, jugo de tomate y almejas, café de luwak…. Y una infinita lista de ingredientes tan larga como la imaginación de los cerveceros, que no es poca.