Hoy solamente quería hacer unos pequeños comentarios sobre
un tema que tarde o temprano tenemos que abordar los aficionados a la cerveza
en particular y de bebidas alcohólicas en general.
En algún momento de nuestra vida, ya sea puntualmente,
durante un periodo de tiempo o de manera permanente debemos renunciar a beber
alcohol.
Motivos hay muchos, ahora me viene a la cabeza el caso de un
bloguero cervecero americano que quería bajar peso antes de la inminente
temporada ciclista y quería eliminar de su dieta esa cantidad ingente de calorías
vacías que contiene el alcohol y como consecuencia las cervezas.
Entiéndase por calorías vacías aquellas cuyo aporte
energético no es aprovechado por el organismo y que aparte son perjudiciales
para este, favoreciendo el desarrollo de la obesidad y otras dolencias.
Por fortuna, dentro de las bebidas alcohólicas la cerveza es de la más saludables, en general el contenido alcohólico es mucho menor que en otras bebidas y su aporte calórico y nutricional provienen principalmente de otros ingredientes presentes en la cerveza, que es más, la convierte en una bebida muy saludable, consumida con moderación claro está.
Por fortuna, dentro de las bebidas alcohólicas la cerveza es de la más saludables, en general el contenido alcohólico es mucho menor que en otras bebidas y su aporte calórico y nutricional provienen principalmente de otros ingredientes presentes en la cerveza, que es más, la convierte en una bebida muy saludable, consumida con moderación claro está.
Nunca ha sido conveniente beber mucho alcohol si tienes que
ponerte al volante, no hablo únicamente del daño irreversible que produce en
nuestro bolsillo sino también en el que puede hacernos al incrementar el riesgo
de accidente.
Así llegamos a los motivos de salud, bien porque nuestra
maltrecha salud no permite dañarla de este modo o por que los medicamentos
hacen conveniente reducir o eliminar cualquier gramo de alcohol en nuestro
organismo. Normalmente es el hígado el encargado de eliminar medicamentos y
alcohol. Así que tampoco conviene
hacerle trabajar en exceso.
En otras ocasiones el alcohol interfiere en el efecto de los
medicamentos o lo que es peor provoca efectos adversos como en el caso de
algunos antibióticos. El conocido efecto Antabús, que para el que no lo sepa, Antabús
es un tratamiento empleado contra el alcoholismo… imaginaros que por tomar
alcohol durante un tratamiento de antibióticos provocamos que nuestro organismo repela el alcohol y no podamos volver a beber cerveza.
Los motivos de salud se encuentran desgraciadamente entre mi
día a día, por eso últimamente he reducido la cantidad y me he centrado más en
la calidad, o por lo menos en beber aquellas cervezas que realmente me gustan o me interesan.
Pero más aún, hace dos semanas tuve que acudir al médico, ya
lo estaba viendo venir y no por ello deja de pillarte desprevenido… el médico levanta
la mirada y con toda naturalidad te dice “el tratamiento es extremadamente
fuerte, nada de alcohol, ni una gota durante los próximos 7 días ”.
Ya en casa me maldigo por no haber comprado las cervezas sin
alcohol que muchos compañeros me habían recomendado en las redes sociales,
cuando hace unas semanas les planteaba la pregunta ¿cuál es para vosotros la
mejor cerveza sin alcohol?
Weihenstephaner,
Bavaria de trigo 0.0, Clausthaler, Jever, Schneider Tap 3, Welterburger,
Paulaner…. Hicieron un repaso a las que no podia dejar de probar. También
repasaron algunas con baja graduación Nanny State de Brewdog parecía ser la
estrella en este grupo.
Pero ahí estaba yo sin ni una sola cerveza sin alcohol en el
frigorífico y una semana por delante, que se me iba a hacer muy larga… el hombre
es un animal de costumbres y esa cervecita a media tarde la iba a echar de
menos.
Así que solución de emergencia, mandar a las huestes al
supermercado a por cerveza sin alcohol… “Cervezas 0,0% variadas” dije, pero lamentablemente
entre las que me trajeron no había ninguna de la lista.
Tras esta semana, he podido comprobar que al igual que ocurre con las
cervezas con alcohol, algunas de las marcas más conocidas del mercado, tratan
con igual desgana a la cerveza sin alcohol y eso que reconozco que en todos los
casos el producto ha mejorado desde aquellas primeras cervezas sin alcohol que
empezaron a proliferar hace 10-15 años.
En cualquier caso, para mi, el principal hándicap es el aroma.
El sabor puede estar más o menos conseguido pero el aroma es algo que en
ninguna de las probadas conseguía un comentario de “pasable”.
De las probadas algunas imbebibles, ahora mismo recuerdo una
cerveza negra sin alcohol, que ya me había advertido un compañero de sus malas
cualidades. La mayoría a pesar de todo se podía beber y tengo que decir que
incluso dos las pude “disfrutar” una Buckler 0,0 de trigo, cuyo intenso sabor a levadura camuflaba el resto y una Damm con limón que hizo mis delicias
en un día muy caluroso, aunque casi la consideraría más un refresco, que una
cerveza.




