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lunes, 25 de mayo de 2020

FONDO DE ARMARIO - MAYO 2020, #FFdA EDICION CONFINAMIENTO


Hoy vuelvo a escribir en este blog, exhortado por Joan desde su blog Birraire, para cumplir lo que en tiempos fue una tradición dentro de la blogosfera cervecera de este país… y que recibía el nombre de #FFdA (Fondo de armario).

Pues sí, cada cierto tiempo, Birraire nos incitaba a buscar dentro de nuestras despensas y bodegas y elegir, abrir, degustar una de esas cervezas que teníamos olvidadas desde hace tiempo y luego contarlo en nuestros blogs y redes sociales.

En un entorno bloguero dinámico y activista, reflejo de la realidad cervecera de esos años, eran muchos los que se animaban a participar en el evento. Evidentemente no hace falta decir que siempre que podía mi participación estaba asegurada.

Hoy como antaño he bajado a la bodega, he abierto el baúl y he hecho un rápido repaso a lo que tenía. No me ha sido difícil seleccionar una vieja botella de La Trappe Quadrupel en formato de 50 cl. y botella de barro/cerámica que llevaba más de 10 años de guarda… de hecho mi planificación hubiera sido beberla mucho antes, pero fue fruto del olvido, lo cual creo que cumple exactamente con la filosofía de este evento.

No tengo precisamente un número pequeño de cervezas en mi bodega, pero puedo alardear que detrás de la mayoría de ellas hay una historia, anécdota o simplemente recuerdo el lugar y el momento en el que me hice con ellas.

Esta no es una excepción, adquirida en la visita que realicé a la Abadía de Koningshoeven en 2010, que recuerdo especialmente por dos descubrimientos: la primera vez que probaba una Quadrupel de su serie “Oak aged” y no menos importante el licor de cerveza que vendían en la tienda y que siempre que paso cerca de la abadía me desvío para comprar.

De esta Quadrupel que estoy probando hoy me compre una caja de 6 botellas que he ido bebiendo a lo largo de los años, sin guarda o con 2, 4, 5, 8 y hasta estos algo más de 10 años que he esperado para probar la última de aquel lote.

Si queréis una cata un poco más formal diré que, ya al derramarla en la copa se aprecia su ligereza. Visualmente se pueden apreciar pequeñas burbujas a modo de espuma que se desvanecen tan rápido que casi no me ha dado tiempo a disparar la foto y ya no estaban. Sin carbonatación alguna y con un color ámbar oscuro con algún destello cobrizo.

El aroma recuerda claramente a un jerez y cuando tomamos el primer trago comprobamos que por ahí van los tiros. En el sabor predominan los frutos secos, en particular la nuez, por debajo el caramelo sigue sirviendo de base pero más suavizado que en su versión sin envejecer. Completan el prisma unas notas especiadas y el alcohol sorprendentemente redondeado.

La peor parte viene de la sensación en boca, como era de esperar, es demasiado liviana, las maltas se han degradado hasta un nivel que el trago resulta demasiado “delgado” como para ser disfrutado plenamente. A parte, tiene un toque picante en el paladar y el alcohol a pesar de su redondez sigue calentando el gaznate. El final es increíblemente largo donde los matices comentados en el sabor se mantienen durante mucho mucho tiempo.

A medida que los sorbos se suceden voy descubriendo que se ha vuelto algo “cabezona”, lo cual al final torna en una cerveza que termina por cansar, sobre todo si intentas beberle los 50 cl. del contenido de la botella… yo he optado por dejar para más adelante y beber solo la mitad… pero eso es otra historia que algún día contaré en este blog.

Como siempre el disfrute de probar algo único fruto de las condiciones específicas de mi bodega, donde ha sido cuidada con esmero todos estos años. Al final se trata de una cerveza que sabe rica, si bien, como podréis entender después de la cata, creo que para otras botellas de esta cerveza que tengo en mi baúl no esperaré tanto, de hecho, mi mejor valoración de toda la serie se ha obtenido con 5 años de guarda y creo que será a lo que seguiré tendiendo con esta cerveza. Pero como experimento de hasta donde puede llegar ha resultado cuanto menos interesante.

Para finalizar, agradecer de nuevo a Joan esta edición especial confinamiento de su #FFdA (Fondo de armario) y por supuesto deseando que no sea el último… cuenta conmigo!!!





jueves, 9 de enero de 2020

BIG FOOT – VERTICAL TASTING RELEASE

De entre todos los productos cerveceros que pude disfrutar el pasado 2019, uno llamó especialmente mi atención. Dada mi afición al envejecimiento de cervezas, no es raro, que este fuera el Six-pack que ya viene siendo un clásico en Sierra Nevada con seis añadas distintas de su afamada barleywine Big Foot, en este caso las que van desde 2012 a 2017.





BIG FOOT

Dentro del mundo cervecero americano Big Foot no es una cerveza que requiera de mucha presentación. Es todo un clásico, elaborado por primera vez por Sierra Nevada allá en los años 80 y que ha servido como base para definir esas cervezas que damos en llamar Barleywines americanas, potentes y lupuladas a partes iguales.

Desde el punto de vista de los aficionados al envejecimiento esta Big foot goza de una merecida fama que vamos a poner a prueba en esta cata vertical. Ya que he de confesar que aunque es una cerveza que me gusta, nunca he tenido oportunidad de guardarla en mi baúl durante más de unas pocas semanas.

Siempre que hablamos de cervezas lupuladas y envejecimiento de cerveza surge la misma pregunta ¿sus lúpulos son ricos en ácidos alpha? Ya que en caso afirmativo la desecharíamos automáticamente. Los sabores rancios derivados de su oxidación limitan casi por completo la posibilidad de éxito. Esto justifica que ninguna barleywine americana pase mucho tiempo en mi baúl.

¿Por qué el caso de la Big Foot es distinta? En parte hay que atribuirlo a la utilización de lúpulo cascade, sobre todo rico en ácidos beta. La literatura al respecto también atribuye el éxito a la atención que Sierra Nevada presta durante la elaboración.

CATA VERTICAL

El proceso seguido para la cata vertical es sencillo. La iniciaremos probando una Big Foot 2019, sin envejecer, para posteriormente ir probando las cervezas del six-pack desde la más reciente a la más antigua. Todas las cervezas se han degustado en condiciones similares (temperatura en torno a los 12ºC, en copa snifter y sin acompañamientos gastronómicos).

Big Foot 2019:

Esta Barleywine de 9,6% ABV se nos presenta como una cerveza color ámbar anaranjado, espuma blanca duradera. Lúpulo muy presente en el aroma, así como ciertas notas a caramelo. El sabor sigue los mismos derroteros, por un lado, las notas amargas resinosas y cítricas y por otro el caramelo para equilibrar el resultado. El alcohol detectable a medida que se calienta la cerveza, pero de manera bastante contenida dado su contenido alcohólico. Sensación en boca plena, con cuerpo y amargor predominante en el final.



Big Foot 2017:

La primera diferencia que nos llama la atención se encuentra en el contenido alcohólico, según la etiqueta 9,5% ABV, aunque en la práctica resulta inapreciable. La apariencia es muy similar, la espuma quizás más oscura de color beige. Ya en el aroma apreciamos un amargor tosco tirando a rancio que se materializa plenamente en el sabor. Es una mala versión de la cerveza sin envejecer, apagada y sin gracia. Adelanto que fue sin duda la peor de toda la cata y con diferencia. El sabor es tosco y lleno de notas rancias. Final muy largo amargo y seco. Es una cerveza dura y sin esperar a probar otras añadas concluyo que ha tenido que haber algún problema en su conservación.



Big Foot 2016:

Esta Big Foot me confirma mis sospechas sobre la añada de 2017. Aquí nos encontramos sorprendentemente con una cerveza muy similar a la cerveza sin envejecer, a pesar de los 3 años de guarda. El color ámbar empieza a dejarnos destellos rojizos, pero el resto de características permanecen: las notas lupuladas, la base dulce maltosa a caramelo. Algún rasgo afrutado, pero no hay diferencias significativas.



Big Foot 2015:

Empiezo a sospechar que esta cerveza ha firmado un pacto con el diablo para no envejecer. La apariencia similar a la de 2016. El perfil sigue siendo increíblemente parecido a la cerveza sin envejecer. El amargor parece ser un poco más seco con alguna nota a cuero en el retrogusto, pero nada significativo.



Big Foot 2014:

En apariencia parece más nebulosa y oscura que el año precedente. Sorprendente buena carbonatación y espuma beige generosa. Pero en aroma y sabor siguen ese dulce maltoso, el lúpulo, y leves notas a fruta madura y cuero. Lo que he leído sobre esta cerveza parece indicar que esta debe ser la más redonda de todas las añadas y puede ser, por que hay armonía. No cambian los matices pero, para mi gusto, se encuentran todos en su justa medida.


Big Foot 2013:

Sin llegar a los extremos de su versión 2017, en esta apreciamos un bajón importante. Todos los matices se encuentran presentes de nuevo, pero especialmente apagados. Noto ciertas notas acartonadas al fondo que desentonan en la percepción global, en este caso de cerveza “aburrida”, es más seca que la versión anterior. Todo ello me hace pensar que el horizonte temporal de esta cerveza puede encontrarse en torno a los 5 años.



Big Foot 2012:

Pues no, el horizonte temporal de esta cerveza no se encuentra en torno a los 5 años, sino que parece que mucho más allá, con esta cata no lo descubriré. Esta Big Foot 2012 es el claro ejemplo de que esta cerveza aguanta el paso del tiempo sin despeinarse. De hecho, creo que esta ha sido, junto a la de 2014, la mejores de todas las probadas. A parte de la apariencia más oscura y que el aroma se encuentra más apagado. El sabor resulta el más redondeado y compensado de todas las que he probado. Sorprendentemente, de nuevo, ahí están los mismos matices clásicos en esta cerveza, mezclados de manera armoniosa, el lúpulo más suave, el caramelo entremezclándose y esa sequedad en el final aquí parece más agradable. Quieren aparecer ciertas notas a jerez, pero no de manera clara.





CONCLUSIONES

Lo primero que he de decir es que esta cerveza tiene su fama como cerveza para guardar merecidamente ganada. Soporta el paso del tiempo casi sin inmutarse. Unido a que es una cerveza es fácilmente accesible y asequible económicamente, no me extraña que sea en una cerveza indispensable en las bodegas americanas.

Otra conclusión a destacar es que la cata vertical no muestra linealidad, se ve rota sobre todo por las añadas 2017, en la que baja mucho el nivel de esta cerveza y de 2013. Entiendo que puede ser por algún problema en la conservación o simplemente por que cada añada tiene sus características propias dentro de la homogeneidad mostrada.

Es curioso que siempre he leído la fama de las Big foot de 5 años, parece que después el deterioro se comienza a notar. Creo puede estar en lo cierto, la añada de 2014 ha destacado en esta cata, aunque personalmente me la añada de 2012 me ha sorprendido más gratamente.

Si miramos entre-lineas podemos afirmar que estamos ante una cerveza que sufre pocas variaciones con el paso del tiempo: apariencia un poco más oscura y nebulosa, carbonatación aparente en todas las añadas, notas a lúpulo persistente incluso en las añadas más antiguas. El resto de matices y alcohol presentes aunque redondeados por el tiempo y solo unos leves toques a jerez en las últimas añadas, introducen algún cambio.

Opinión general: No parece que el paso de los años haga aflorar nuevos matices en esta cerveza, lo que resulta casi decepcionante, aunque nos abra la puerta a poder disfrutar de esta cerveza durante muchos años. Debemos cambiar el chip, la cerveza no va a ganar complejidad al envejecerla, sino que iran redondeando los que ya tiene. Personalmente me quedo con lo sorprendente de beber una cerveza envejecida donde la presencia del lúpulo sigue siendo destacada.







domingo, 20 de octubre de 2019

FULLER’S VINTAGE ALE 2012


Hacía ya mucho tiempo que no traía una cata de una cerveza a este blog. Primero porque hay muchos otros con mejor paladar y que lo hacen infinitamente mejor que yo y segundo porque desde que existen plataformas y webs de rating ha ido perdiendo un poco el sentido hacerlo en un blog de corte clásico… pero hoy voy a hacerlo con esta Fuller’s Vintage Ale 2012.

En este caso, se trata de una de esas cervezas que guardas para una ocasión especial y nunca encuentras el momento para beberla y pasan los años… en este caso 7 años y aunque durante este tiempo ha sido tratada y almacenada con esmero, no con el objetivo de que evolucione, sino de que mientras llegase su momento se mantuviera en plenas condiciones… veremos si lo hemos conseguido.


FULLER’S

Fuller, Smith & Turner es una vieja conocida del panorama cervecero inglés y mundial. Como no es el objetivo de este post, para el que quiera ahondar en su historia puede hacerlo en su web https://fullersbrewery.co.uk/our-story/

Solo quiero destacar ese elegante equilibrio que ha sabido mantener entre la producción comercial, en masa, y ese perfil de corte tradicional si nos adentramos en el mundo de las “real ales”.

Fuller’s mantiene un interesante portfolio de cervezas, algunas verdaderos clásicos como su ESB o su Porter, delicias para el paladar o sus joyas Brewer’s Reserve y Vintage Ale, muchas veces esquivas, pero que merece la pena conseguir si se cruzan en nuestro camino.


VINTAGE ALE 2012

Sus Vintage Ales llevan elaborándose desde 1997, desde entonces fieles a la cita elaboran esta cerveza seleccionando cada año distintas maltas y lúpulos

Unboxing:

Fuller's Vintage Ale 2012Incluso antes de abrir la caja donde viene: contenida la botella, te das cuenta que Fuller’s Brewery ha puesto una dedicación especial en “vestir” esta cerveza, es un aspecto a destacar y que no pasa desapercibido.

Elegancia, calidad y carácter británico se encuentran presentes en esta edición de esta. La botella viene dentro de una caja de cartón, muy similar a la que contiene a otros licores como un buen whisky. En ella ya podemos obtener mucha información sobre la cerveza que vamos a beber.

Edición limitada y numerada, así como una descripción bastante convincente supuestamente escrita por el maestro cervecero de Fullers John Keeling, en la que incluye el concepto de global de la cerveza, lúpulos utilizados (importante para los fanáticos al envejecimiento) … pero también una frase perturbadora “best before 2015”, creo que me he pasado unos años.

Evidentemente la frase queda matizada con “A pesar de que estamos obligados por la normativa…”. Finalmente, para mi tranquilidad total se añade “al igual que un buen vino o whisky la cerveza puede mejorar durante muchos años más”.

En el interior de la caja, un pequeño libro con las características de todas las añadas elaboradas desde 1997, cuando se elaboró por primera vez, hasta esta Vintage ale 2012. En la botella sigue respirándose ese aroma a exclusividad y elegancia que rodean toda la presentación de esta cerveza. Botella personalizada con el emblema de Fuller, unas etiquetas de calidad con el correspondiente número de edición limitada, en este caso se trata de la botella 127529.



Fuller's Vintage Ale


Cata:

Se trata de una clásica “English Strong Ale” de 8,5% ABV. Como base para su elaboración utiliza su cerveza Golden Pride variando cada año sus ingredientes. Para esta edición utiliza lúpulos Goldings, Soverign y Target, así como la levadura y cebada orgánica de la casa que le dan un toque exclusivo.

Previamente había probado las añadas de Vintage Ale correspondientes a 2006, 2007 y más recientemente la correspondiente a 2015, todas ellas cervezas notables. En todo caso no al emplear para cada una de ellas distintas maltas y lúpulos, no podemos compararlas con esta.
Sin duda, el envejecimiento de cervezas pierde parte de su sentido si no puedes comparar con la cerveza sin envejecer, pero en este caso ya aclaré que se trata de una cerveza que en principio no pensaba dejar tanto tiempo en mi baúl.

A pesar de ello la botella se encuentra acondicionada, lo cual nos asegura que la cerveza ha sufrido cierta evolución.

Puesto que no he probado esta cerveza sin envejecer he acudido a distintas plataformas para hacerme una idea de cómo era esta cerveza sin guarda y he obtenido la siguiente descripción:

“Color ambar claro con una buena cabeza de espuma color blanquecino. Aroma maltoso, caramelo, galletas, notas florales y algo de alcohol. Sabor entremezcla notas maltosas, caramelo, lúpulos, alcohol y final seco. Cuerpo medio y carbonatación media-alta”

Partiendo de esta descripción hacemos nuestra propia cata de una cerveza por la que han pasado casi 7 años.

Fuller's Vintage Ale 2012Aspecto:

Al derramar la cerveza en la copa, sorprende la buena presencia que tiene. La degradación de las maltas no es muy acusada y no se aprecia un exceso de poso en el fondo de la botella. En copa presenta un color marrón claro, ligeramente brumoso, un dedo de sorprendente espuma blanca que tras unos minutos se reduce a un anillo. La carbonatación es débil y apenas apreciable.

Aroma:

En el aroma predomina un perfil claramente dulce Toffe, afrutado del tipo dátiles o uvas pasas y en el fondo se aprecia algo de madera y cuero.

Sabor:

Dulce maltoso, Caramelo amargo, Frutos secos, pasas, manzana madura y madera. suave amargor final, un regusto no muy largo donde se percibe un ligero toque a cuero que se mezcla con alguna nota afrutada. El alcohol se siente, pero no es destacable, le da un toque incluso elegante al acabado.

Sensación en boca:

En boca presenta cuerpo medio, pero nada que incomode el trago, la sensación es vinosa y la carbonatación débil. Sorprende en una cerveza con este añejamiento y más teniendo en cuenta que las descripciones iniciales no hablaban de una cerveza corpulenta.


CONCLUSIONES

Soy un ferviente defensor de la idea de que una cerveza es mucho más que el resultado de la pericia de un buen maestro cervecero. Muchas cervezas y su degustación son una experiencia, sobre todo aquellas que no podemos beber todos los días o que incluso son difíciles de conseguir. Por ello, muchas de estas las reservamos para ocasiones especiales.

Teniendo en cuenta las descripciones de esta cerveza sin envejecer advertimos signos evidentes del paso de los años, el alcohol se ha suavizado y redondeado mutando a sabores dulces, han aparecido ciertas notas a cuero. Sorprendentemente la base de maltas original sigue proporcionando un cuerpo más que suficiente para dar un carácter vinoso a la cerveza.

Lo que es muy interesante es que podemos estar tranquilos de dejarla olvidada unos años sin que se eche a perder, siempre y cuando se cuide su almacenamiento.

El resultado es una cerveza dotada de armonía, agradable y elegante, con muchos matices que parecen funcionar bastante bien integrados, aunque al final, no podemos afirmar si ha mejorado o no con el paso del tiempo.  

Fuller's Vintage Ale 2012


Valoración de El Baúl de las Cervezas: 8/10



Ficha Técnica:
Fabricante:
Fuller's Brewery.
Elaborada en:
Chiswick (Londres - Inglaterra).
Estilo:
English Strong Ale.
Color:
Marrón claro.
Alcohol:
8,5% Alc.
IBUs:
N/A
Temperatura:
12º C.
Servir en:
Copa Snifter.



miércoles, 24 de octubre de 2018

ALASKAN SMOKED PORTER VINTAGE 2008


Alaskan Smoked Porter, más allá de los reconocimientos que ha obtenido, a los que tenemos la costumbre de guardar cervezas durante largos periodos de tiempo, esta cerveza nos sugiere una mezcla de admiración, curiosidad y sobre todo la tentación irremediable de llevarla hasta el límite de sus facultades para mantenerse a lo largo de los años.

La acción de los fenoles derivados del ahumado que sufre la malta de esta cerveza la ha convertido, a pesar de sus “apenas” 6,5% de contenido alcohólico, en una de las cervezas paradigmáticas en la guarda de cervezas.

Por ello, en la red pueden encontrarse un buen número de espectaculares catas verticales de Alaskan Smoked Porter Vintage, algunas probando distintas añadas que abarcan más allá de 10 años.

Desgraciadamente, mi aportación es mucho más modesta. Mi relación personal con esta cerveza se limita a cuatro encuentros: en dos ocasiones sin envejecer, otra con 5 años de guarda (cata relatada en este blog ) y ahora esta que ocupa este post de una botella Vintage 2008, es decir de 10 años.


LA CATA

Cuido los detalles, sin prisas, a la temperatura adecuada, ya que en la anterior ocasión que bebí esta cerveza esta no desplegó su verdadero potencial hasta que no adquirió algo de temperatura. Copa Snifter, quizás haya un efecto psicológico en esta elección, ya que asemeja la experiencia a la que se puede tener bebiendo un brandy o un whisky envejecido.

Como siempre al verter en la copa una cerveza que ha estado tanto tiempo en guarda es necesario esperar unos momentos a que airee y se asiente. Así que, aprovecho para observarla detenidamente.

La apariencia es realmente sorprendente, como siempre ese color marrón oscuro casi negro, el dedo de espuma beige imperturbable a pesar de los años y más digna de una cerveza joven, pero sobre todo esa ausencia del poso característico que nos alerta de que las maltas han sufrido la degradación propia del paso del tiempo… seguro que los fenoles del ahumado han tenido algo que ver en esto.

En el aroma, el humo es detectable nítidamente, sin lugar a dudas más que en aquella Vintage 2011 con 5 años de guarda, lo cual puede parecer contradictorio. También se pueden detectar algunas notas como a jerez… en cualquier caso el aroma es igualmente embriagador.

En cuanto al sabor, lo primero que me viene a la mente son términos como complejidad, armonía, equilibrio e integración de los distintos matices que tiene esta cerveza en origen. Pero los matices no se presentan nítidos, debido a lo entrelazados que se encuentran. A pesar de todo podemos distinguir el caramelo, la vainilla y un toque a jerez. En la boca queda un regusto seco donde, por fin, es identificable el ahumado característico. El sabor es extraordinario pero desgraciadamente han perdido “punch”, ante mi paladar se presenta más desgastado de lo que sería deseable.

La sensación en boca es bastante buena teniendo en cuenta que estamos ante una cerveza con 10 años de guarda. Es detectable la pérdida de cuerpo que visualmente no apreciábamos en forma de sedimentos. Aun así, la degradación es significativamente menor que en otras cervezas que he bebido y eso el paladar lo aprecia.


ALGUNAS REFLEXIONES

Tras probar las versiones envejecidas de esta cerveza me doy cuenta de lo aristosa que es esta cerveza sin envejecer. Una sensación de la que uno no es consciente hasta que no se prueba tras varios años de guarda.

Me da la sensación que existe una variabilidad significativa entre las distintas añadas de esta cerveza, ya que de haber seguido la guarda de aquella Vintage 2011, que probé anteriormente, en ningún caso hubiera podido evolucionar hasta donde ha llegado esta Vintage 2008.

Finalmente, si tuviera que elegir el nivel óptimo de envejecimiento seguramente se encontraría en un punto intermedio entre los 5 y los 10 años. Así que no descarto seguir intentándolo con esta Alaskan Smoked Porter.

Como corolario, de nuevo la confirmación de que ciertas cervezas merece la pena ser envejecidas, no solo por ver su evolución o pulir determinados aspectos, sino por el hecho de beber una cerveza única. El tiempo y las distintas condiciones de almacenamiento dan una personalidad difícilmente reproducible, y eso rodea de cierto encanto a esta práctica de la guarda difícilmente comprensible para los que nunca se han acercado a ella.



Valoración de El Baúl de las Cervezas: 8,5/10



Ficha Técnica:
Fabricante:
Alaskan Brewing CO.
Elaborada en:
Juneau (Alaska – USA).
Estilo:
Cerveza Ahumada.
Color:
Marrón oscuro.
Alcohol:
6,5% Alc.
IBUs:
N/A
Temperatura:
12º C.
Servir en:
Copa Snifter.


jueves, 25 de enero de 2018

UN LUGAR PARA MI BODEGA (II)

Un día encontré un foro donde alguien comentaba las fotos de las obras que David, un reputado bloguero cervecero americano estaba acometiendo en su sótano para acondicionarlo como bodega. Cuando me estaba llevando las manos a la cabeza, empezaron a aparecer nuevos comentarios y fotos de aficionados que habían realizado obras similares… es el momento en el que descubres que USA está a otro nivel… bodegas de aficionados con más de 5.000 botellas, construcciones ad-hoc con climatizador y perfectamente aisladas del exterior,… la frase que había leído en un artículo de la gastrónoma y certificada Cicerone Casey Barber que decía que “En un mundo perfecto los frikis de la cerveza guardaríamos nuestras cervezas para envejecer en un refrigerador”, casi hasta me pareció un comentario ingenuo.

Por otro lado, mi experiencia hablando con otros aficionados al envejecimiento, peca de lo contrario. Siento ser duro, pero en muchos casos personas que en mi opinión están perdiendo tiempo, espacio y dinero. Guardan sin ton ni son cervezas, en cualquier lugar de casa, sin ni siquiera conocer ni en qué condiciones ni durante cuánto tiempo y cuando las prueban todavía se preguntan por qué esa cerveza no les ha salido muy buena.


Yo en este post quiero predicar un punto intermedio entre los ingentes y desmesurados esfuerzos de los primeros y la absoluta dejadez de los segundos, he de decir que en mi opinión a ambos les sale muy caro esto de envejecer cerveza, ya que unos no consiguen significativamente mejores resultados en relación a su inversión y otros no hacen más que convertir su supuesta bodega en un cementerio de cervezas.

Lo fundamental es ser racionales, no perder la cabeza y sobre todo tratar de evitar errores que es lo que en definitiva echará a perder nuestras cervezas. Por eso, en este post quiero hacer una serie de comentarios de como entiendo la guarda de cervezas, soy consciente de que no lo hago de manera perfecta, pero desarrollo esta actividad sin grandes gastos y con resultados satisfactorios y cuando alguna cerveza no sale bien, sé por qué ha sido y trato de evitarlo en la próxima vez… así que aquí dejo unos comentarios:

Si la temperatura es el principal factor que va a llevarnos al éxito o fracaso en nuestro empeño de envejecimiento de cerveza me pregunto por qué la inmensa mayoría de las personas que guardan cerveza no tienen un termómetro en su bodega. Me sorprende enormemente que de las muchas consultas que recibo al email de este blog cuando pregunto cual es la temperatura aproximada en invierno y en verano de su bodega, responden vagamente. Así que, primer consejo, comprar un termómetro, uno de esos baratos, pequeños y que se puede colocar en cualquier sitio nos será de gran utilidad. Pero si queremos controlar mejor las condiciones de nuestra bodega yo recomiendo una miniestación meteorológica, con que nos dé datos de temperatura y humedad es suficiente. Lógicamente tendríamos que anotar que cervezas sufrieron condiciones fuera de los parámetros recomendables.


Otro tema recurrente que observo es la confusión entre temperatura óptima de conservación y temperatura óptima de envejecimiento. En el primer caso buscamos que las propiedades de la cerveza permanezcan inalterables y que llegue lo más fresca posible a la fecha de consumo.  Para ello normalmente metemos la cerveza en el frigorífico. Por el contra, con la guarda de cerveza buscamos que sus propiedades cambien y se pulan sin que la cerveza se eche a perder. Las temperaturas no serán tan bajas que no permitan que la cerveza no evolucione.

Poco voy a decir sobre el tema de la exposición a la luz, lo veo más una condición de almacenamiento/conservación y no de envejecimiento. Me explico, los problemas suelen venir más del calor asociado a ese foco de luz y porque los rayos ultravioletas degradan los alpha-acidos de los lúpulos, pero en este segundo caso el problema viene de una mala selección de la cerveza a envejecer, tema que trataré en otro post.

Un concepto que terminamos por descubrir aquellos que nos dedicamos al envejecimiento de cervezas es que existe una relación entre temperatura y tiempo que podemos guardar nuestras cervezas con resultados satisfactorios. A temperaturas más elevadas y próximas a su temperatura de fermentación, evolucionarán de manera adecuada durante menos tiempo, degradándose antes y no pudiendo soportar envejecimientos muy prolongados.

En mi caso con dos emplazamientos de características distintas he realizado varias pruebas al respecto comparando envejecimientos de una misma cerveza para distintos periodos de guarda y como ejemplo diré que para un periodo de 10 años las cervezas en la ubicación con mayor temperatura alcanzan el mismo nivel de degradación aproximadamente un año antes.

Con temperatura constante se obtienen resultados más homogéneos, con suaves variaciones resultados más interesantes. Si en nuestra bodega tiene una temperatura constante durante todo el año, nos permitirá reproducir los resultados satisfactorios sin problemas, si la temperatura sufre variaciones, si no son muy bruscas, los resultados para una misma cerveza y envejecida durante un mismo periodo no serán exactamente iguales, lo cual en mi opinión añade cierta emoción al resultado. Pero además he de decir que mis mejores resultados que he obtenido han correspondido a cervezas envejecidas en emplazamientos donde se producen ligeras variaciones de temperatura a lo largo del año.

Es interesante conocer cómo se trasladan las condiciones meteorológicas externas al lugar donde tenemos guardadas las cervezas. En una bodega perfecta el aislamiento sería perfecto y las condiciones externas nunca afectarían a nuestras cervezas, pero la mayoría de nosotros no tenemos los medios para realizar unas obras en casa para adaptar nuestra bodega como las que comenté inicialmente.

Así, he observado que si en verano sufrimos una ola de calor durante un periodo superior a 5 días la temperatura de mi bodega comienza a elevarse lentamente. Lo mismo ocurre si las temperaturas externas son frías durante un largo periodo de tiempo. Por suerte en los algo más de 10 años que llevo con este emplazamiento no tengo conocimiento de que se hayan superado los 20ºC y la temperatura mínima registrada ha sido de 10ºC.

Sin embargo, con la humedad el traslado de condiciones ocurre mucho más rápido, vivo en un lugar con alta humedad por definición, pero en ocasiones puntuales con viento sahariano la humedad ha caído empicado, en menos de un día la humedad de mi bodega cae por debajo del 60-65% y es hora de actuar para que el corcho de las botellas no se deteriore.

Lo más sencillo es acudir a un pulverizador de agua, sencillo barato y efectivo. Pulverizando el ambiente o la zona donde tengamos localizadas las botellas con corcho dos veces al día, controlamos la humedad dentro de los niveles deseados.


Si vuestra bodega se encuentra en un lugar húmedo hay que estar alerta frete al moho negro, es recomendable cada cierto tiempo realizar una exploración de las botellas y corchos. También nos puede alertar el olfato con ese olor tan peculiar que tiene el moho. Yo nunca he tenido ese problema, pero en el caso de aparecer utilizaría siempre métodos naturales para eliminarlo: en un foro leí de alguien que utilizó vinagre blanco en un spray. El bicarbonato también puede ser efectivo.

Ya que viene a cuento, es recomendable tener cierta organización en la bodega. Yo tengo un lugar específico para las botellas con corcho, un botellero de vino para aquellas botellas que se recomiende conservar en horizontal. En el baúl que da nombre a este blog y que ya se ha quedado pequeño guardo las “incunables” y luego tengo varias cajas ordenadas por fecha de consumo, numeradas con los años correspondientes. Esta organización me ayuda a tener más controladas aquellas cervezas con características comunes o sobre las que tengo que tener más cuidado.


Si vamos a tener envejeciendo cervezas muy caras y nuestra bodega no tiene las características apropiadas quizás sea bueno plantearse comprar un refrigerador de vinos o como opción más barata un frigorífico viejo. El problema, a parte de su coste, es su capacidad, solo podríamos dedicarlo a un puñado de cervezas, a las más exclusivas.

A parte de las consideraciones de temperatura, humedad, etc he de confirmar que el mejor lugar para envejecer cervezas es un lugar que se encuentre fuera de nuestra vista. El factor psicológico puede parecer una tontería, pero la realidad es que si estás viendo todos los días las cervezas que tienes envejeciendo es más que posible que ninguna llegue al periodo de envejecimiento que tenías previsto y te las bebas antes. Si no las ves, permanecen fuera de tu mente y esto alejará la tentación.

Y en cualquier caso, siempre hay que tener presente, que sabemos cómo hemos cuidado nuestras cervezas durante el periodo que estén en nuestra bodega, pero no sabemos cómo han sido cuidadas antes de llegar a ella. He visto pales de cerveza al sol durante horas, evidentemente, aunque en nuestra bodega se encuentren en condiciones óptimas no vamos a conseguir buenos resultados.

Como recomendación y conclusión final, diré que no debemos obsesionarnos ni gastar demasiado dinero en nuestra bodega, salvo en casos muy extremos todos podemos envejecer cervezas, estas son más resistentes de lo que pensamos. Si no tenemos un lugar adecuado también podemos intentarlo, pero siendo conscientes de las limitaciones de nuestro emplazamiento: no nos arriesguemos a envejecer cervezas excesivamente caras, acortando periodos de guarda e ir haciendo mil y una pruebas y anotando los resultados. Es el mejor método para conseguir unos resultados aceptables y no desperdiciar ni tiempo ni esfuerzos sin resultados.


Nota: Si tenéis alguna duda o queréis conocer mi opinión sobre algún tema en concreto siempre podéis dejarme un comentario o mensaje en Facebook, en el blog o en el email baúl.cervezas@gmail.com